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En manos de la justicia, la decisión popular de los riverenses

Por: Andrés Calderón

Hoy el municipio de Rivera pasa por una situación particular, sin precedente en su historia política, claramente negativa, que puede ser atribuida a las debilidades de control previo de los partidos políticos y la institucionalidad electoral, no capaces de dar certeza de las condiciones habilitantes de candidaturas a cargos de elección popular, allí pareciera haber una especie de limbo jurídico.

De los dos últimos procesos electorales hemos ido sabiendo los huilenses de decisiones judiciales en torno a demandas de actos de elección de concejales, alcaldes, diputados y hasta congresistas, tal vez el más sonado fue el de exrepresentante a la Cámara por el Huila, Víctor Andrés Tovar, quien fue separado del cargo meses después de su elección por vínculo familiar con la entonces alcaldesa de Tarqui, su señora madre.

El proceso electoral en Rivera el año pasado estuvo marcado por los hostigamientos entre campañas, principalmente en redes sociales, algunas amenazas directas a candidatos al concejo que fueron puestas en conocimiento de las autoridades, pero también demandas de las candidaturas como la que se interpuso en su momento al hoy alcalde electo Luis Humberto Alvarado Guzmán ante el Consejo Nacional Electoral y que no prospero. De estas rivalidades electorales llevadas más al campo del desprestigio y las artimañas electorales que a las ideas y programas de gobierno, surge un segundo momento, poselectoral, que son las demandas de nulidad de la elección.

En este segundo momento fueron demandadas las curules de dos concejale, uno del partido Liberal y otro del ASI, demandas que no prosperaron por extemporaneidad. Luego fue separado del cargo temporalmente el alcalde de Rivera con motivaciones en una medida cautelar inmersa en la demanda de nulidad de su acto de elección, interpuesta por líderes de la campaña que ocupó el segundo lugar. La separación del cargo se da en marzo con un acto proferido por la sala tercera del tribunal administrativo del Huila, tiempo desde el cual el municipio viene siendo administrado por un alcalde encargado. De la demanda, lo sustancial parece ser las supuestas inhabilidades, incompatibilidades o conflicto de intereses en el sector público por la condición de autoridad administrativa de la señora madre del alcalde, quien funge como rectora de la universidad pública huilense (Surcolombiana), pero sin sede ni inversión directa en el municipio.

Profundizar en el tema no es de mi competencia ni soy experto en ello, sí son válidos o no los argumentos esgrimidos por los demandantes, compete únicamente a las jueces decidirlo y están en todo su derecho los ciudadanos de presentar estas objeciones en defensa de la democracia, del derecho a la participación y respeto al ordenamiento jurídico. Sin embargo, el que se hayan presentado cinco demandas por la campaña derrotada, de las cuales tres fueron por integrantes de una misma familia y las otras dos por amigos, deja en el ambiente una sensación de revancha, cuya finalidad parece apuntar a objetivos individuales, lo que nos lleva reflexionar y conjeturar acerca de cuáles son los verdaderos intereses detrás de estas acciones; ustedes juzgaran.

Los gobernantes se caracterizan por ser ampliamente conocedores de los territorios que administran, no en vano lo recorren de punta a punto durante y antes del proceso electoral. Los gobernantes suelen ser personas con amplias trayectorias profesionales o de liderazgo social y político, con la capacidad de entender las necesidades y retos en sus territorios, por eso logran la empatía y posteriormente acompañamiento electoral para ser elegidos, estos son líderes y su administración es legítima. Un alcalde encargado en cambio, por muy buen tipo o profesional que sea, es una persona cuya conexión con el electorado es distinta, que se respeta, sí, y es legal, pero no legítima, no es una verdad aceptada por el pueblo porque no lo eligió, lo que genera a la larga problemas de gobernabilidad y de ejecución como lo evidencian hoy los riverenses.

En el municipio se respira un ambiente de zozobra frente a lo público, a pesar de tener un gabinete joven y comprometido, de tener un plan de desarrollo ya en marcha y grandes proyectos en formulación con apoyo indiscutible de la gobernación del Huila que anunció obras como la avenida circunvalar, la PTAR y la reestructuración de la bocatoma. Sin embargo, la ausencia del liderazgo natural que nace en el proceso electoral con el alcalde electo y su falta de contacto con las comunidades ha dificultado la consolidación de esta nueva administración, eso ha hecho que se hayan estancado algunos procesos que de muy buena y aplaudida forma iniciaron.

En este entendido, podemos decir que el alcalde no es solo administrador, como ya lo mencioné es líder también, y eso le distingue de cualquier encargo que lo es solo de tipo administrativo y debe ser temporal, por lo que los riverenses esperamos con mucha urgencia una decisión pronta de los honorables magistrados frente al auto y la decisión de fondo. En desmedro de la democracia, costos de un proceso electoral que ya se surtió, el tiempo y la reorganización administrativa, un llamado a nuevas elecciones sería el peor escenario hoy para Rivera. La tierra de sanjuaneros, de poesía y aguas termales ya eligió y espera que ese mandato popular no perezca por decisiones judiciales que, aunque legales, y deben aceptarse, pueden ir en contravía de los intereses de todo un pueblo.

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