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NoMásCabalgatasEnNeiva

Por: Juan Camilo Morales Conde

“A CABALLO” vamos pa’l monte, a caballo vamos pa’l monte, a caballo vamos pa’l monte, a caballo vamos pa’l monte (…)

Mientras los viejos aún tararean este gran tema del maestro cubano José Guillermo Quesada Castillo, más conocido como Guillermo Portabales, en Neiva los “traqueticos” de medio pelo en las fiestas sampedrinas, con botella en mano y brindando al cielo, cantan su versión “A caballo vamos pa´l piso, a caballo vamos pa´l piso (…)”. Y no se imagina la satisfacción que da, cuando un pobre y agotado caballo lanza por encima de su cabeza un imbécil ebrio y acéfalo, que se cree el llanero solitario, pero que de llanero solo le queda lo solitario después del ridículo que hacen.

En eso se han convertido las cabalgatas en la capital bambuquera de América. En un circo despiadado de payasos con ínfula de ricos, haciendo sus maniobras, vanagloriándose y aparentando ser lo que no son. Montados en un caballo que ha venido siendo preparado para una jornada de más de 8 horas de terror, pues estos pobres animales tendrán que enfrentarse al piso ardiente de un sol inclemente, al bullicio de la gente, de los pitos de carros y del sonido de parlantes que retumban en sus oídos. Todo un caballicidio producto de una muerte anunciada, que deja de su arrendatario par 3 pesos en los bolsillos de su dueño, pero que durante los meses siguientes solo comeran pan con “salchichón”.

Todo un negocio recaudado a manos de privados, que medio untan a los gobiernos para que permitan y callen ante tanto maltrato animal. Basta solo con conocer las cifras para saber qué está en juego detrás de estas “fiestas”, pues es escandaloso saber, que solo para el desfile departamental, salieron alrededor de 2.500 caballos, los cuales eran alquilados entre 1 y 3 millones de pesos en promedio, a eso súmele una manilla que le daba el derecho de participar con un costo de 120.000 mil pesos, más otros ingresos que suman alrededor de 5 mil millones de pesos, solo en ese día, ahora súmele los otros 5. ¿Y cuánto le toca a la administración departamental y municipal?

El mensaje es claro. Si como ciudadanos no somos capaces de repudiar y rechazar estos hechos, estamos condenados a vivir en una sociedad agresiva e indolente. Señores Corte Constitucional, ya lo hicieron una vez, y lo lograron. Lograron parar la barbarie de las corridas de toros, ya están erradicas prácticamente las peleas de gallos, ciudades como mi natal Ibagué lo lograron, y ahí están, viven sus fiestas sin la necesidad de ver al final de un desfile a maltratadores montados al lomo de un caballo. Le logramos dar derechos a un río, ¿por qué no dárselos a un animal sintiente? Pues créame, que no disfrutan para nada que lo torturen.

Mi saludo muy cordial a los caballistas. Respeto a quienes aman y valoran a sus caballos, soy encantado viendo una demostración equina, soy fan del porte del caballo, de su jinete y de su amazona. Si ustedes no se unen para lograr cambios significativos para fiestas venideras, el odio y el rechazo de una sociedad seguirán creciendo, al punto de acabar lo que para ustedes es una vida. Estamos en el momento de parar este atropello, es hora de ponerle el tatequieto a los bárbaros, solo si ustedes así lo deciden.

Espero que usted, amigo lector, no se haya identificado con lo arriba mencionado, y si lo hizo, pues ni modo. Mientras tanto, seguiremos entonando canciones como la de Joan Sebastian que dicen “Si hay caballos en el cielo, allá lo debe traer pastoreando un buen rebaño, el arcángel San Miguel”.

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