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Pitalito, entre el orgullo de sus ferias y el reto de pensar en grande

Por: Luís Augusto Cuenca Polanía

Opinión

El fin de semana del 14 al 17 de noviembre, Pitalito volvió a demostrar de qué está hecho. Las ferias artesanal, equina y de orquídeas —eventos que reúnen lo mejor del talento, la tradición y el emprendimiento colombiano— dejaron claro que somos una ciudad vibrante, diversa y con una enorme capacidad de atraer visitantes de todas partes del país y del mundo.

Como laboyanos, nos sentimos profundamente orgullosos de nuestras ferias. Las vivimos con emoción, con sentido de pertenencia y con la alegría que nos caracteriza. Y es justo reconocer el enorme esfuerzo de los organizadores, empresarios, autoridades y trabajadores que hicieron posible esta edición. Nada de esto sería real sin ellos.

Pero, como todo evento de gran escala, también nos deja reflexiones importantes que vale la pena convertir en oportunidades para mejorar.

Uno de los protagonistas indiscutibles —para bien o para mal— fue el caos vehicular. Pitalito está creciendo, y crece rápido. Ese crecimiento, aunque positivo, nos exige pensar en soluciones estructurales para nuestras vías, para la movilidad y para el transporte.

Cada feria evidencia lo mismo, la ciudad necesita con urgencia corredores viales que conecten sus extremos y un plan serio que anticipe la movilidad en eventos masivos. No se trata de improvisar cada año; se trata de planear para el futuro.

Otro aspecto crítico fue la ubicación de las casetas y comercios informales en plena Avenida Pastrana. Aunque es un espacio comercial que dinamiza la feria y genera ingresos para cientos de laboyanos, su localización —bloqueando completamente el tránsito— resultó perjudicial para todos: para los visitantes, para los conductores y hasta para los mismos comerciantes, expuestos a riesgos y sin condiciones ideales de seguridad o salubridad.

Este punto abre una reflexión clave: Pitalito merece un escenario propio, digno y permanente para sus ferias, eventos culturales, deportivos y conciertos.

Una verdadera ciudad-región —como aspiramos ser— requiere infraestructura preparada para recibir multitudes sin afectar la movilidad ni la seguridad.

Nuestras ferias nos dejan varias enseñanzas, pero quizá la más importante es esta: Pitalito tiene todo el potencial para crecer, mejorar y consolidarse como la capital del sur colombiano.

El reto es que ese crecimiento sea ordenado, inteligente y pensado a largo plazo.

Las ferias seguirán siendo motivo de orgullo, pero también deben ser el espejo que nos muestre lo que aún falta por hacer.

@tutocuenca

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