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Huila al Senado: entre el veterano que trabaja, el alcalde con fantasmas, la heredera exprés y el pescador costeño con red industrial

Por: Luís Ernesto Salas Montealegre

Opinión

El Huila vuelve a elecciones y, como siempre, la política regional se las arregla para ser entretenida. Tenemos de todo: un político serio que intenta hablar de propuestas (¡qué descaro!), un exalcalde escapando de sus propios expedientes, una heredera que llegó a la política con la misma facilidad con la que se llega a una fiesta VIP, y el pescador costeño que lanza su red industrial en aguas ajenas.

En un medio donde la improvisación es norma aparece Hernán Andrade, una rareza en la política moderna: alguien que sabe trabajar. Hernán Andrade llega con experiencia y propuestas que no suenan a promesa vacía: inversión en infraestructura que realmente conecte al Huila, programas de empleo para jóvenes y emprendedores, y un agro que deje de ser un dolor de cabeza para convertirse en oportunidad. No hace titulares sensacionalistas ni promete lo imposible: su apuesta es eficiencia pura. Y sí, puede que no venda memes, pero sí asegura que el Huila siga teniendo voz propia en Bogotá, algo que el departamento perdió la última vez que se dejó encantar por foráneos y aventureros.

Por el carril contrario llega Gorky Muñoz, quien intenta vender su paso por la Alcaldía como una medalla, aunque para muchos es más bien un recordatorio de lo que pasa cuando el desorden firma decretos. Obras inconclusas, decisiones cuestionadas, desgreño administrativo, una ciudad en ruinas y una administración que dejó más dudas que recibos. Pero ahí está, sonriente, listo para convencer al electorado de que todo fue un malentendido administrativo. Ternura política en estado puro.

A su lado entra en escena María Lucía Villalba, la hija del gobernador. Su currículum cabe en un post-it, pero su maquinaria política necesita un mapa, una leyenda y un dron. ¿Experiencia? Poquita. ¿Apoyo familiar? Suficiente para llenar plazas, buses y hasta las sobras. La narrativa oficial habla de “renovación”. La traducción libre sería: papá quiere que la niña empiece su carrera temprano.

Y como si el panorama no fuera lo suficientemente pintoresco, aparece el personaje que no podía faltar: el candidato de afuera, dispuesto a pescar votos sin siquiera conocer bien el clima. El más fuerte del lote es Pedro Flórez, el gran ganador de la consulta del Pacto Histórico. Llegó con más de 185.000 votos, una sonrisa de campaña… y la sombra del Clan Torres detrás, ese grupo caribeño que tiene más tentáculos que pulpo en feria. Flórez no viene a visitar; viene a recoger. Su estrategia es clara: meter la red en aguas huilenses, agitar un poco, y llevarse los votos que los locales dejen tirados.

Este es el peligro real: mientras Andrade habla de proyectos, Gorky se defiende, Villalba posa para Instagram y Flórez prueba suerte en tierras ajenas, el Huila corre el riesgo de repetir la tragedia griega del periodo pasado: quedarse sin un solo senador propio, viendo cómo otros —con apellidos, maquinarias o clanes— se reparten lo que aquí se perdió por distraídos.

La elección no es menor. El Huila tendrá que escoger entre la experiencia efectiva, el regreso del caos, la herencia en tacones, o el pescador que llegó tarde… pero con red fina.

Porque aquí, en la política huilense, ya lo sabemos:
si no se elige bien, no se elige nada.

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