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¿Por qué el año se acaba el 31 de diciembre? Lo que dice la ciencia

Por: Jorge García Quiroga

Opinión

Que el año termine el 31 de diciembre no es algo que ocurra por una razón natural. La Tierra no se detiene ni cambia su rumbo ese día. Se trata de una decisión humana, construida a partir de la ciencia y de la necesidad de organizarnos en el tiempo para vivir en sociedad.

Desde la ciencia, un año es el tiempo que la Tierra tarda en darle una vuelta completa al Sol, cerca de 365 días y unas horas adicionales. Como ese cálculo no es exacto, fue necesario hacer ajustes, como los años bisiestos. Para mantener el orden entre los días, las estaciones y las actividades humanas, se creó el calendario que usamos hoy. Dentro de ese sistema se estableció que el 31 de diciembre fuera el cierre del año. No porque tenga algo especial por sí mismo, sino porque el calendario necesita un punto claro de inicio y de cierre que sea compartido por todos.

Aunque es una convención técnica, sus efectos son muy reales. Las personas necesitamos marcar el tiempo para entenderlo. Dividirlo en años ayuda a ordenar recuerdos, procesos históricos, proyectos personales y decisiones colectivas. Por eso el cambio de año se siente como una frontera entre lo que ya pasó y lo que viene, aun cuando en la práctica la vida siga su curso normal sin interrupciones reales.

En Colombia, el 31 de diciembre es también una fecha cargada de sentido cultural. Se vive como un momento de encuentro, memoria y celebración. Estas tradiciones no contradicen la ciencia; al contrario, le dan un significado social y humano a una fecha que nació como un acuerdo técnico. Las reuniones familiares, los rituales populares y las celebraciones hacen parte de la manera como una sociedad se apropia del tiempo y lo convierte en experiencia compartida.

Desde lo económico, el cierre del año tiene un peso concreto. Es el momento de cerrar cuentas, pagar obligaciones, revisar presupuestos y evaluar resultados tanto a nivel personal como nacional. Por eso diciembre suele ser un mes de alto movimiento económico. No es que el dinero aparezca de repente, sino que el calendario obliga a ordenar cifras, balances y proyecciones, lo que genera una dinámica particular en el consumo y en las finanzas.

Desde una mirada científica, es importante entender que nada se reinicia realmente cuando llega el 1 de enero. Los procesos naturales, sociales y económicos continúan sin pausas ni borradores. El cambio ocurre en la forma como los medimos, los registramos y los interpretamos. El calendario no transforma la realidad, pero sí permite observarla, compararla y estudiarla con mayor claridad.

El 31 de diciembre no compite con las tradiciones ni las niega. Se volvió una fecha central porque logró unir la precisión del tiempo científico con las costumbres sociales. El año termina ese día porque así lo acordamos para organizarnos, medirnos y encontrarnos como comunidad. El tiempo sigue avanzando, pero cambia la manera en que lo contamos y le damos sentido colectivo.

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