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Salario mínimo: sin productividad

Por: Edwin Renier Valencia Rodríguez

Opinión

La realidad es incómoda, pero necesaria de decir: los salarios no crecen de forma sostenible por decreto, crecen cuando la economía produce más valor. Ignorar este principio básico puede ganar aplausos momentáneos, pero deja consecuencias duraderas en empleo, informalidad y cierre de empresas.

El debate sobre el salario mínimo en Colombia se ha convertido, una vez más, en un escenario de discursos fáciles y promesas ruidosas. En tiempos preelectorales, el aumento del salario mínimo suele presentarse como una prueba de compromiso social. Pero subir el salario mínimo sin hablar seriamente de productividad no es justicia social: es populismo económico.

Productividad: el elefante en la sala

En Colombia, la productividad laboral lleva años estancada. Mientras tanto, se pretende resolver el problema del ingreso simplemente aumentando el salario mínimo, como si las empresas, especialmente las pequeñas y medianas pudieran absorber cualquier decisión sin impacto.

La pregunta que rara vez se hace es clave: ¿quién paga los aumentos desbordados?
La respuesta es clara: los paga el empleo formal, los paga el consumidor con precios más altos y los paga el trabajador que termina en la informalidad.

Si el salario mínimo crece muy por encima de la productividad, el resultado no es dignidad laboral, sino menos oportunidades. Hoy, más de la mitad de los trabajadores colombianos están en la informalidad. Seguir por este camino solo profundiza esa brecha.

Populismo preelectoral: pan para hoy, hambre para mañana
En época preelectoral, el salario mínimo se convierte en herramienta de campaña. Se ofrecen incrementos “históricos” sin explicar sus efectos reales. Es una fórmula conocida: prometer más ingreso hoy, aunque eso signifique menos empleo mañana.

Una economía no se fortalece con decisiones emocionales ni con cálculos electorales. Se fortalece con reglas claras, confianza, inversión y crecimiento productivo. Cuando el salario mínimo se usa como bandera política, se pone en riesgo la estabilidad económica del país.

El trabajo ya cambió, pero el debate sigue atrasado. El mundo del trabajo está cambiando más rápido que la política laboral. Automatización, inteligencia artificial, trabajo remoto, economía digital y contratación por proyectos están redefiniendo el empleo. Pretender resolver estos desafíos únicamente con aumentos del salario mínimo es no entender la transformación que ya está en marcha.

El verdadero reto no es solo cuánto se gana, sino cómo se gana y con qué capacidades. Formación para el trabajo del futuro, reconversión laboral, apoyo a la innovación empresarial y formalización inteligente deberían estar en el centro del debate.

Apoyar la productividad: la única salida responsable
Si de verdad se quiere mejorar el ingreso de los trabajadores, el camino es claro: invertir en productividad. Educación pertinente, tecnología, infraestructura, reducción de cargas innecesarias a las empresas, apoyo real a las pymes y estímulos a la formalización.

Un país progresa cuando más personas pueden ganar por encima del salario mínimo, no cuando se fuerza un aumento que deja a millones por fuera del sistema.

Decisiones valientes, no populares
Colombia necesita menos discursos y más responsabilidad. Subir el salario mínimo sin respaldo productivo puede ser popular, pero es irresponsable. La verdadera justicia social no se decreta: se construye con productividad, empleo y crecimiento económico sostenible.

Decirlo puede no dar votos. Pero callarlo nos cuesta futuro.

¿Qué opinas? #uncaféconvalencia