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El congresista que no se pierde

por: Amin Losada

Opinión

En Colombia, la indignación ya no es solo por ideología. Es por algo más simple y más doloroso, el abandono. Elegimos, confiamos, votamos… y después pasa lo de siempre, el elegido desaparece. Cambia la voz. Cambia el ritmo. Cambia hasta la forma de saludar. Y la gente se queda con la misma pregunta que se repite en cada barrio y en cada vereda: “¿Y este… volvió alguna vez?”

El problema no es que no prometan, es que no vuelven.
Por eso esta campaña me ha dejado una certeza que vale más que cualquier discurso, y es el placer de reencontrarme con la gente de siempre. Con los que me vieron debatir, gestionar, insistir y también equivocarme. Y sí, me sorprende algo, muy pocos me “madrean”. ¿Sabe por qué? Porque la gente podrá estar brava con la política, pero reconoce cuando alguien no se escondió.

Yo tengo la tranquilidad —y la demostración— de que nunca desaparecí. Nunca cerré puertas. Nunca apagué el teléfono. Nunca me escondí detrás de un cargo ni de una excusa. Aun sin estar obligado, seguí acompañando comunidades, atendiendo mensajes, caminando comunas, visitando corregimientos. Lo hice como concejal, con control político que incomodó, con debates que pusieron en aprietos a más de uno, y con decisiones que defendieron las finanzas de Neiva cuando tocaba decir “no”.

Ser representante no puede ser un ascenso personal, tiene que ser una obligación pública. Por eso mi propuesta es clara y medible, un congresista que no se pierde. No uno que aparece cada cuatro años, sino uno que rinde cuentas y vuelve a la calle. Me comprometo a dar un Informe trimestral de votos, gestiones, citaciones, proyectos y resultados, lo que hice, lo que no se logró y por qué. Y generar un canal público de seguimiento, para que cualquier ciudadano pueda preguntar, exigir y verificar.

No vengo a vender perfección. Vengo a ofrecer algo escaso, coherencia. Que mi cara no cambie al llegar a Bogotá. Que mi agenda no se divorcie del barrio. Que mi voz no se negocie.

El Huila no necesita más figuras, necesita una voz que no se apague y una presencia que no se borre. Y yo estoy listo para eso, de frente con la gente.

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