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El Futuro con De la Espriella vs. El Pasado de Cepeda

Por: Luís Ernesto Salas Montealegre

Opinión

En este tramo final hacia las elecciones de mayo de 2026, la verdadera batalla en Colombia no es solo de nombres, sino de épocas. Al analizar las propuestas económicas que hoy dominan la agenda, queda en evidencia una desconexión fundamental: mientras un sector busca insertar al país en el dinamismo del siglo XXI, el otro parece intentar rescatar recetas colectivistas que el mundo ya dejó atrás.

Iván Cepeda ha bautizado su bandera económica como la “Revolución Agraria”. Bajo un discurso que apela a la justicia social, su propuesta se basa en la entrega masiva de tierras y el fortalecimiento de la economía campesina como motor nacional. Sin embargo, en el contexto global de 2026, este enfoque se lee como un marcado anacronismo.

Insistir en una economía de subsistencia agraria como eje central del desarrollo es ignorar que la riqueza moderna se genera en el conocimiento, la tecnología y los servicios. Mientras el mundo compite por liderar la Inteligencia Artificial y la biotecnología, el modelo de Cepeda propone devolver a Colombia a una estructura productiva del siglo pasado, aumentando la dependencia del Estado y asfixiando al sector privado con una carga tributaria diseñada para sostener una burocracia en constante expansión.

En las antípodas se encuentra Abelardo de la Espriella. Su enfoque, lejos de romanticismos ideológicos, parte de una premisa clara: el Estado no crea riqueza; la crea el individuo cuando tiene las condiciones para hacerlo. Su propuesta de “Capitalismo de Propietarios” busca romper el ciclo de dependencia del subsidio estatal que ha caracterizado las últimas décadas.

A diferencia del estatismo de Cepeda, De la Espriella propone un shock de austeridad que incluye la reducción del Estado en un 40% y la eliminación de impuestos “antipáticos” como el 4×1000. Su apuesta por la vivienda con créditos al 2% no es una dádiva, es una herramienta para capitalizar a la clase media. Es el paso de un ciudadano que espera el favor del político (el modelo de Cepeda) a un ciudadano que es dueño de su patrimonio y su destino.

El 13 de marzo marcará el inicio del sprint final. Colombia se enfrenta a una decisión existencial: ¿Seguirá la senda de un modelo que ve en el empresario un enemigo y en el campo una utopía colectivista, o abrazará la libertad económica y la seguridad jurídica que propone De la Espriella?

La historia reciente de la región ha demostrado que las “revoluciones” basadas en el control estatal terminan siempre en el mismo lugar: escasez y pérdida de libertades. En 2026, el país no puede permitirse el lujo de volver al pasado; necesita un rugido de modernidad que despierte su verdadero potencial económico