Por: Jorge García Quiroga
Opinión
En los últimos años ha empezado a circular con más fuerza una palabra poco común: therian. El término se utiliza para describir a personas que expresan una identificación profunda con un animal. Aunque para muchos resulta difícil de comprender, el fenómeno puede observarse como parte de los cambios culturales y sociales que atraviesan la manera en que hoy se construye la identidad.
La palabra therian proviene del griego thēríon, que significa “animal”. Sin embargo, el concepto moderno no surge de la mitología ni de creencias espirituales antiguas, sino en espacios contemporáneos. El uso actual del término comenzó a consolidarse en la década de 1990, principalmente en foros de internet en Estados Unidos y Europa, donde comunidades en línea empezaron a compartir experiencias de identidad no convencional. Con el tiempo, estas conversaciones se trasladaron a redes sociales y plataformas digitales, ampliando su alcance.
Históricamente, la relación simbólica entre humanos y animales ha existido en muchas culturas. El totemismo, el chamanismo y los relatos de transformación presentes en mitologías antiguas muestran que el ser humano siempre ha usado al animal como símbolo para explicar aspectos de su naturaleza. El therianismo contemporáneo no retoma estas prácticas como creencias religiosas, pero sí mantiene la idea del animal como una referencia identitaria y emocional.
Actualmente, el fenómeno es más visible en países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania y Australia, donde el acceso a comunidades digitales y el debate sobre identidades personales es más amplio. En América Latina su presencia es menor, pero comienza a aparecer, principalmente entre jóvenes que acceden a estas narrativas a través de redes globales. No se trata de un movimiento organizado ni de una ideología estructurada, sino de experiencias individuales que encuentran un lenguaje común en internet.
Desde una perspectiva psicológica y social, el therianismo puede entenderse como una forma de construcción de identidad. En contextos donde muchas personas sienten presión por cumplir expectativas sociales, académicas o laborales, la identificación con un animal puede funcionar como una manera de explicar emociones internas o rasgos personales. El animal suele representar características como libertad, fuerza, protección o conexión con lo instintivo, aspectos que algunas personas sienten difíciles de expresar en la vida cotidiana.
Algunas personas manifiestan esta identidad de manera interna, sin hacerlo visible. Otras lo expresan mediante comportamientos simbólicos, como posturas, gestos o formas de moverse. Estas prácticas no tienen un significado único y pueden variar según la persona y el contexto. Para algunos son privadas; para otros, una forma de comunicación o de pertenencia a una comunidad.
La problemática surge cuando la incomprensión social se cruza con situaciones de vulnerabilidad emocional. El rechazo, la burla o la estigmatización pueden generar aislamiento, mientras que una identificación rígida también puede dificultar la adaptación social. En estos casos, el acompañamiento psicológico se enfoca en el bienestar de la persona, no en invalidar su identidad.
Más allá de juicios, el fenómeno therian plantea preguntas sobre cómo se construye la identidad en un mundo globalizado y digital. No habla únicamente de animales, sino de personas que buscan palabras, símbolos y espacios para entenderse y ser entendidas en una sociedad en constante transformación.
