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Está pasando ahora

Opinión

Por: Edwin Renier Valencia Rodriguez

El futuro de la comida ya empezó. Lo que hoy comemos, cómo lo compramos y cuánto pagamos por ello está cambiando más rápido de lo que imaginamos. Y aunque muchas veces pensamos que estas transformaciones ocurren en Estados Unidos o Europa, la realidad es que Colombia ya está viviendo esos cambios.

Hay cinco fuerzas globales que están transformando el sector de los alimentos. No son modas pasajeras. Son tendencias estructurales que están redefiniendo el negocio, el campo y hasta nuestras decisiones en el supermercado.

1 . Más conciencia sobre la salud.

Cada vez más personas revisan etiquetas, cuestionan los productos ultraprocesados y buscan opciones “más naturales”. Ya lo vemos con el etiquetado frontal de advertencia, que obliga a informar cuando un producto tiene exceso de azúcar, sodio o grasas. Al mismo tiempo, crece el interés por dietas especiales, alimentos funcionales y productos con menos ingredientes artificiales. La pregunta ya no es solo cuánto cuesta, sino qué tan saludable es. Esto obliga a las empresas tradicionales a cambiar fórmulas y a innovar. El consumidor está más informado y es más exigente.

2 . El clima está afectando lo que comemos.

Las sequías, las lluvias extremas y la variabilidad climática ya no son temas abstractos. En Colombia lo sentimos con el fenómeno de El Niño y La Niña, que impactan cultivos como el café, el arroz o el maíz. Cuando el clima es impredecible, la producción también lo es. Eso significa menos oferta y precios más altos. Algunos alimentos se vuelven más caros o más difíciles de conseguir. El cambio climático no solo es un debate ambiental: es un problema directo para la seguridad alimentaria y el bolsillo de las familias.

3 . Nunca supimos tanto sobre lo que compramos.

Hoy un consumidor puede escanear un producto con su celular y saber sus ingredientes, su origen y hasta compararlo con alternativas más saludables. Las redes sociales, las aplicaciones y la inteligencia artificial están cambiando la forma de decidir qué llevar al carrito. Antes confiábamos casi exclusivamente en la marca. Hoy confiamos en la información. Y esa transparencia obliga a las empresas a ser más responsables.

4 . La tecnología está entrando a la cocina.

En los últimos años, la inversión mundial en tecnología para alimentos ha crecido más rápido que la investigación de muchas grandes compañías tradicionales. Se desarrollan proteínas alternativas, agricultura de precisión, cultivos más resistentes, plataformas digitales para planear compras y hasta inteligencia artificial que sugiere menús.

En Colombia aún estamos lejos de esa escala, pero el potencial es enorme. Desde el agro hasta los supermercados, la tecnología puede mejorar productividad, reducir desperdicios y ofrecer productos más adaptados al consumidor moderno. La pregunta es si nuestras empresas innovarán o si serán desplazadas por nuevos jugadores más ágiles.

5 . La geopolítica también se come

Las guerras, las tensiones comerciales y las barreras arancelarias afectan el precio de fertilizantes, granos e insumos. Colombia importa buena parte de lo que necesita para producir alimentos. Cuando el mundo se tensiona, los costos suben. Lo vimos con la guerra en Ucrania y el impacto en los precios internacionales. El plato de comida también depende de la política global.

Cuando una industria cambia, suele surgir un nuevo gigante que redefine las reglas. En tecnología fue Apple. En autos eléctricos fue Tesla. En alimentos, todavía no está claro quién será. Podrían ser grandes supermercados con marcas propias fuertes. Podrían ser restaurantes ágiles que mezclen frescura, sabor y rapidez. Podrían ser plataformas tecnológicas que organicen nuestras compras con inteligencia artificial. O podrían ser empresas emergentes que entiendan mejor las nuevas demandas del consumidor.

Lo que sí está claro es que hay una gran oportunidad para quienes logren combinar salud, sabor y conveniencia.

Para nuestro país, estas tendencias no son amenazas inevitables: son oportunidades estratégicas. Somos potencia agrícola, tenemos biodiversidad y talento emprendedor. Pero si no apostamos por innovación, tecnología en el campo, transformación productiva y cadenas más eficientes, quedaremos atrapados exportando materias primas mientras otros capturan el valor agregado. La pregunta es sencilla, pero urgente:
¿Queremos ser protagonistas del nuevo sistema alimentario o simples espectadores?

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