Por: Carlos Ernesto Álvarez Ospina
Opinión
Neiva no solo se vive, también se contempla y en medio del ritmo diario muchas veces olvidamos que nuestra ciudad guarda una riqueza espiritual que merece ser recorrida y sentida. Hoy quiero invitar a los neivanos a mirar hacia adentro a reconocer nuestras iglesias templos y espacios de recogimiento como parte de lo que somos.
Iniciar este recorrido por la Catedral de la Inmaculada Concepción es empezar por el corazón espiritual de la ciudad allí han pasado generaciones enteras que han encontrado no solo un lugar de oración sino también de encuentro. Desde ese punto el camino puede seguir hacia la Iglesia San José donde la tradición y la cercanía hacen que la fe se viva de una forma más cotidiana. Pero esta ruta no puede quedarse solo en lo más conocido también es momento de redescubrir espacios como la Iglesia del Espíritu Santo o el Santuario de Nuestra Señora de Fátima lugares que reflejan la diversidad espiritual de Neiva y que muchas veces pasan desapercibidos.
Hablar de una ruta religiosa es hablar de fe pero también de cultura de turismo y de desarrollo, es entender que estos espacios pueden atraer visitantes dinamizar la economía y fortalecer el sentido de pertenencia, pero también implica un compromiso cuidarlos respetarlos y valorarlo. Visitarlos es llenarlos de vida, recorrerlos habitarlos y hacerlos parte de nuestra cotidianidad
Neiva tiene todo para consolidar una experiencia espiritual que conecte a propios y visitantes con su historia con su gente y con su esencia Esta es una invitación a caminar la ciudad con otros ojos a redescubrir lo que tenemos y a sentir orgullo por ello.
Recorrer la ruta religiosa de Neiva es también recorrer lo que somos.
