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“Mi máquina es mi vida y no está limpia como debe ser. Cada vez que llego, corro el riesgo de infectarme o de que mi tratamiento no funcione bien”, asegura Johana Carolina Losada Mendoza, paciente renal que recibe diálisis tres veces por semana en NefroUros. Desde el 2 de febrero, la paciente afirma que las máquinas ya no reciben la desinfección interna tras cada turno, lo que podría poner en riesgo la salud de decenas de personas que dependen de este servicio para mantenerse con vida.
La denuncia de Losada Mendoza no se limita a la Secretaría de Salud de Neiva. La paciente ha elevado quejas ante la Superintendencia Nacional de Salud, su EPS y la misma clínica NefroUros. “He ido a la Secretaría de Salud, a la Supersalud, incluso a mi EPS. Todas las veces me han dicho que esto es un proceso y hay que esperar, pero mientras tanto seguimos en riesgo”, explica.
Entre los problemas señalados, la falta de sábanas y cobijas en la sala de diálisis genera preocupación. “Nos dicen que no podemos usar cobijas ni sábanas porque supuestamente la Secretaría de Salud lo prohibió, pero nos dejan a nosotros traerlas, y eso puede ser más peligroso porque los implementos traen bacterias. ¿Cómo cuidamos nuestra salud así?”, comenta Johana.
La reducción de personal y los cambios en los horarios de atención han complicado la logística para muchos pacientes. “A veces me llevan temprano en el transporte de la EPS y llego y la clínica todavía está cerrada. No hay sillas, no hay sillas de ruedas, no hay nada para sentarse. Los transportadores tienen rutas con muchos pacientes y este cambio de horario genera un caos para todos”, añade.
Johana describe cómo la desinfección correcta de las máquinas es clave para su supervivencia. La Fresenius 4008, según los manuales y protocolos técnicos, requiere limpieza interna tras cada paciente, desinfección externa y mantenimiento preventivo con repuestos originales. “Si la máquina no se limpia como debe, no elimina bien los líquidos ni las toxinas de la sangre. Me voy con residuos que pueden causar problemas cardíacos o infecciones. ¿De qué sirve cumplir con los tres días de tratamiento si voy a tener más complicaciones de salud?”, cuestiona.
La paciente también alerta sobre el impacto en otros usuarios, especialmente adultos mayores. “Muchos abuelos llegan y los familiares no se dan cuenta si pasan frío o si la atención es adecuada. Nosotros vemos lo que pasa adentro y sabemos que hay deficiencias que afectan la salud de todos los pacientes”, relata.
Además, señala que los cambios en la prestación del servicio afectan la coordinación con los transportadores que trasladan a los pacientes desde distintos puntos de la ciudad. “El transportador llega según su ruta y los cambios de horario generan que pacientes esperen afuera, algunos con movilidad reducida, sin ningún tipo de asistencia inmediata. Esto no solo retrasa el tratamiento, también aumenta la exposición a riesgos de salud”, afirma.
Los pacientes también reportan que la eliminación de servicios complementarios como refrigerios, sábanas y cobijas desde finales de octubre del 2025 ha hecho más difícil sobrellevar las sesiones. “Antes teníamos lo básico para mantenernos cómodos durante el tratamiento. Ahora dependemos solo de lo que llevamos nosotros, y eso en un lugar que debería estar completamente libre de bacterias es preocupante”, agrega Johana.
NefroUros respondió a los requerimientos de los usuarios con un mensaje breve: “En este momento la institución se encuentra abordando directamente las inquietudes con los usuarios del servicio y no emitirá un pronunciamiento adicional para medios de comunicación. Cualquier novedad será informada oportunamente.”
Pacientes como Johana continúan en la lista de espera para un trasplante de riñón, pero dependen diariamente de la calidad del servicio que reciben. “Desde que estoy en la lista de espera me cuido en casa, sigo mi dieta, tomo mis medicamentos y aun así corro riesgos porque la máquina no está limpia. Esto no es solo incomodidad, es vida o muerte”, concluye.
