Por: Ana María Rincón Herrera
Opinión
Cuando hablamos del Huila, hablamos de tierra fértil, de manos trabajadoras y de un campo que, pese a las adversidades, nunca se rinde. Hoy, ese esfuerzo silencioso de nuestros campesinos está cruzando fronteras. El cacao huilense ha llegado a Ámsterdam, y no como una simple mercancía, sino como un símbolo de calidad y orgullo regional.
Ámsterdam, capital de uno de los países con mayor tradición en la transformación y comercialización de cacao en el mundo, no es cualquier destino. Es una vitrina global. Que nuestro cacao llegue allí significa que ha superado estándares exigentes de calidad, trazabilidad y sostenibilidad. Significa que el trabajo bien hecho sí tiene recompensa.
Detrás de cada grano exportado hay familias enteras que han apostado por la legalidad, por la tecnificación, por asociarse y por creer en el campo como proyecto de vida. Hay mujeres cacaocultoras que lideran procesos productivos, jóvenes que han decidido quedarse en sus veredas porque ven futuro en la tierra, y asociaciones que han entendido que unidos son más fuertes.
El cacao huilense no solo compite; conquista. Sus notas aromáticas, su calidad fina y de aroma, y el compromiso con buenas prácticas agrícolas lo convierten en un producto de talla mundial. Pero más allá del sabor, lo que enamora es su historia: una historia de superación en medio de dificultades estructurales como vías terciarias precarias, altos costos de insumos y falta de acceso a crédito.
Que el cacao del Huila esté en Ámsterdam también debe ser un llamado a la responsabilidad del Estado. Si con tantas limitaciones hemos logrado posicionarnos en mercados internacionales, imaginemos lo que podríamos alcanzar con verdadera inversión en infraestructura rural, asistencia técnica permanente y acceso a financiamiento justo.
El campo no es el pasado; es el futuro. Y el cacao huilense es prueba. Hoy, cuando un chocolatero en Europa transforma nuestro cacao en una barra premium, allí también va el nombre del Huila, la dignidad de nuestros campesinos y la certeza de que Colombia puede competir con excelencia en los mercados más exigentes del mundo.
Ámsterdam es apenas una estación en el camino. El verdadero destino es consolidar al Huila como potencia cacaotera internacional. Y ese sueño ya empezó a hacerse realidad.
