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“No hacemos política con promesas, sino con compromisos”

Política

El departamento del Huila se convirtió en el epicentro de un diagnóstico crítico sobre la realidad social y de orden público que atraviesa el país según la visión de John Amaya en su aspiración al Senado de la República. El candidato sostiene que la región opita refleja las fallas estructurales de un Estado que ha descuidado la seguridad territorial y la estabilidad económica de sus ciudadanos, advirtiendo que los índices de violencia actuales no permiten postergar más una intervención legislativa rigurosa y técnica.

Al analizar la situación de seguridad, Amaya manifestó una postura contundente frente a los resultados de las estrategias nacionales de pacificación al señalar que el sentimiento generalizado es de desprotección. Respecto a la gestión de la administración central en las regiones, el aspirante es tajante al afirmar que “siento que el proceso de la Paz Total del presidente Petro no salió bien y hay que cambiarlo porque hoy los colombianos, y especialmente en los territorios, no nos sentimos seguros”, argumentando que la falta de control en los territorios ha permitido un incremento en los homicidios que golpea directamente la tranquilidad de las familias huilenses.

En el plano económico, la radiografía para el Huila revela una crisis profunda en la estructura del empleo que impide el progreso de las nuevas generaciones. Amaya destaca que la precariedad laboral es la norma y no la excepción en el departamento, subrayando que “es muy doloroso ver que en el Huila nueve de cada diez personas son trabajadores informales que no tienen garantizado un sustento digno”.

Esta situación, explica, genera un círculo de pobreza que solo puede romperse mediante la formalización y el fortalecimiento de sectores estratégicos. En este punto, identifica al turismo como un “verdadero motor de desarrollo que tiene todo el potencial en el Huila para transformar la economía pero que aún no ha recibido el apoyo estatal necesario”, requiriendo de una visión de Estado para convertirlo en una fuente real de riqueza y empleo estable.

La propuesta de Amaya no se limita a la denuncia, sino que integra su perfil profesional como ingeniero y magíster en tecnologías de la información para plantear soluciones de fondo. Considera que la tecnología debe ser la herramienta para democratizar la educación y cerrar las brechas de desigualdad, la cual define como el “problema principal de Colombia que nos ha mantenido divididos y que solo se soluciona con voluntad y acceso real a las oportunidades”. Para el candidato, el campo colombiano necesita una transformación que vaya más allá del discurso, asegurando que su compromiso es trabajar para “asegurar precios justos y garantías para el trabajador del campo, para que el campesino no siga siendo quien más trabaja y quien menos gana en la cadena”, evitando que el productor siga siendo el eslabón más vulnerable.

Frente al panorama legislativo que se avecina, el aspirante proyecta un rol de “total rigurosidad, compromiso e independencia en el Congreso para sacar adelante las reformas que la gente realmente necesita”. Amaya recalca que el país está cansado de discusiones personales e ideológicas que no resuelven los problemas cotidianos de la gente, por lo que aboga por un perfil presidencial conciliador que sea capaz de unir a una nación polarizada. Su visión legislativa prioriza temas estructurales como la reforma a la salud y una reforma política con reglas claras, buscando que el Congreso recupere su función de contrapeso y de arquitecto de soluciones reales para los territorios.

Finalmente, el candidato reivindica su origen en la lucha estudiantil iniciada hace quince años junto a su hermano Carlos Amaya, enfatizando que su proyecto político no se basa en promesas de campaña, sino en un proceso de construcción colectiva.

Para John Amaya, la representación del Huila y del país en el Senado debe estar marcada por la capacidad de estar permanentemente “escuchando a las comunidades en el territorio, porque la política se hace en la calle y no solo desde un escritorio en Bogotá”, llevando las necesidades de la provincia al centro del debate nacional con un enfoque de resultados técnicos y sensibilidad social.

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