Disidencias prenden la selva para evadir cerco militar.
Por: Olga Cecilia Vega Cubillos, Periodista Investigativa, Corresponsal de Guerra
La deforestación masiva y los incendios implacables no responden al cambio climático ni a la simple codicia corporativa, es la nueva estrategia de confrontación y cortina de humo implementada como táctica de guerra para originar caos térmico y cegar radares, satélites y sistemas de guía de los helicópteros Black Hawk; también, para ocultar todo movimiento bajo el dosel del bosque y el fuego cruzado.
Mientras que el Ejército colombiano lanza una amplia ofensiva militar apoyado por tropas estadounidenses contra las disidencias de las Farc y el ELN. Autoridades del Estado colombiano advierten que los subversivos provocan incendios forestales como maniobra de evasión para escapar de la presión operacional.
La estrategia de guerra utilizada de manera sistemática por los grupos criminales; deja un saldo devastador en 22 municipios del Tolima con 31.000 hectáreas de campos y bosques completamente carbonizados.
Estos acontecimientos que asolan el entorno natural, configura el rostro visible de una nueva arma de destrucción criminal; modalidad que opera con la precisión de la ingeniería delictiva y la impunidad de las sombras, golpeando el corazón de los ecosistemas más vulnerables del planeta.
Las confragraciones forestales en el Tolima y que responden a un patrón criminal coordinado, origina maxima alerta Roja, debido a la severidad de las conflagraciones y cientos de vidas en la total miseria.
Los puntos críticos registrados con mayor afectación, corresponden geográficamente a la cuna donde nacio la guerrilla de las Farc y las zonas controladas por los subversivos durante más de seis décadas:
Gualanday, Payandé, Tomogó, San Luis, Suárez, Armero-Guayabal, Rovira, Ambalema, Ataco, Natagaima, Alvarado y Carmen de Apicalá entre otros municipios del Tolima, donde se registra un altisimo impacto socioambiental debido a la destrucción de numerosas fincas ganaderas y cientos de hectáreas cultivadas y calcinadas.
La region que durante años fue blanco activo de la violencia originada por grupos rebeldes, hoy se encuentra en alerta roja y registra millonarias pérdidas de cultivos y daños ecológicos incalculables, jamas registrados en áreas del sur y centro del departamento.
Frente a esta forma de terrorismo ambiental y guerra frontal, el Estado ha intensificado las operaciones de control territorial con un único objetivo: Acabar con las guerrillas y llevar ante la justicia a quienes intenten desestabilizar la región.
