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La carrera a la presidencia es entre Uribe y Petro

Por: Andrés Calderón

Opinión

Después de los pasados comicios del domingo 8 de marzo, empieza a despejarse el panorama electoral. Los resultados en el Huila, así como en todo el país, ratificaron la situación de polarización que vive nuestro país, situación de la que mucho se ha venido hablando y de la que solo teníamos certeza por cuenta de las pocas encuestas realizadas. Las elecciones a congreso, como afirmativamente muchos lo dijeron, marcaron el inicio de la carrera presidencial, sirvieron de sustento para la reorganización de fuerzas, para filtrar candidaturas – al final solo quedaron 14 – y, por supuesto, como le venimos diciendo, fortalecieron los dos grandes extremos, que como principal diferencia y consecuencia de los resultados de consulta, tienen por un lado una izquierda que ratifica su fuerza en una única candidatura, el señor Iván Cepeda, y por otro lado, tienen dos grandes competidores de derecha, para los que el escenario de primera vuelta será como otra consulta, pues parecen ser pan de la misma harina, eso sí, con diferentes aliños.

La inconmensurable fuerza de los extremos terminará destrozando todo lo que en medio está. Aquí ya no hay espacio para tercerías; serán izquierda o derecha. Eso quiere decir que el santísimo liberal terminará junto a Cepeda; a Cristo se adelantó y a Roy, que le fue tan mal en consulta, pues los resultados de mayo terminarán de apabullarlo y también caerá en manos de Cepeda. Por el lado de los que han sido verdes, seguro el profesor Fajardo estará pensando nuevamente en irse a ver ballenas, y la doctora Claudia, mujer valerosa y estadista, tendrá que nuevamente adherir a la izquierda, eso sí, con recelo, pues disiente mucho en cuanto a términos económicos con ella, pero mayor aún es su distancia con la derecha en términos éticos. De los demás, no hay mucho que decir en términos de resultados electorales; seguro más temprano que tarde terminarán mojando prensa para con bombos y platillos anunciar sus “sumas”. Pero debo ser muy respetuoso y justo; acabo de hacer mención a expectativas electorales, pues en cuanto a capacidades intelectuales, de trabajo y experiencia, hay mucho. Hojas de vida, como por ejemplo la del doctor Luis Gilberto Murillo, un hombre que para mí debió acercar a Cepeda como su fórmula vicepresidencial; seguro habría sumado más que las demás fórmulas.

Esta modesta suposición adhiere a la tesis del senador Ávila, que vislumbra un triunfo de Paloma Valencia en el contexto de la derecha. Paloma es una candidata a quien, a pesar de las críticas y esa desconcertante entrevista hecha por la revista Cambio, parece que le ha funcionado su fórmula vicepresidencial y están sumando. Como dice Ávila: la paloma se está comiendo al tigre. Graso error cometió el animal rayado al no participar en la consulta en la que, de una u otra forma, seguro habría podido salir ganador; y, contrario a lo que sucedió con Paloma, su fórmula vicepresidencial no le sumó, se echó al hombro el lastre de la administración Duque.

Por el lado de Cepeda, en cambio, hay poco de agitación; es una campaña sólida, que subió como espuma en el contexto de una consulta en tiempo frío, como algunos lo llaman, y que, por supuesto, no se puede comparar de ninguna manera con las consultas de marzo. Pues, sin entrar en detalles, diré, y creo que para buenos entendedores es suficiente razón, que la diferencia de 20 mil mesas en octubre a 125 mil mesas en marzo, con además un proceso a congreso adjunto, no aguanta ninguna comparación. Eso sería como poner a jugar 6 contra 36 en un gran campo de fútbol y pretender al menos un empate. Aunque los porcentajes de favorabilidad del candidato en todas las encuestas son muy altos, más o menos 35%, es muy poco probable su triunfo en primera vuelta; se necesitarían cerca de 11 millones de votos, de los cuales una pequeña porción está en el centro, que irá a las urnas con candidatos propios, y una mayor parte en el grupo de indecisos que se repartirá.

El último aspecto por analizar y que enmarca todo este proceso, de tal vez mucha mayor relevancia que las mismas figuras de los competidores, es la fuerza que los dos grandes líderes políticos del país imprimen a esta contienda. Por un lado, tenemos a un Álvaro Uribe Vélez que sigue siendo el gran referente de la derecha colombiana y parece ser la figura paternal de Paloma y Abelardo el hijo rebelde. Por otro lado, tenemos al presidente Gustavo Petro Urrego, quien por la izquierda es el gran referente. Pero, ¿y si del pulso de estos dos grandes liderazgos dependiera la elección? Con la mayor objetividad diría que hoy el pulso lo gana Petro, pues no solo está en más vigencia por el ejercicio de su cargo, contrario a lo de Uribe, que no pudo más que ser candidato al Senado para arrastrar tres curules adicionales a su lista, y además lo tienen disminuido los escándalos judiciales. Con cerca del 50% de favorabilidad, 27 senadores y 40 representantes, Petro está ganando el pulso, de ahí la solidez de Iván Cepeda.

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