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Qué revisar antes de comprar pescado en Semana Santa

SEMANA SANTA

Durante Semana Santa se incrementa la compra de pescado en plazas de mercado, supermercados y puntos de venta en Neiva. La alta demanda hace que el producto rote con rapidez, pero también que permanezca más tiempo expuesto, lo que aumenta el riesgo de adquirir alimentos en mal estado si no se hace una verificación básica al momento de la compra.

La primera señal está en la apariencia general. El pescado fresco tiene un aspecto brillante y húmedo. Su piel no luce reseca y las escamas permanecen firmes y adheridas. Cuando la superficie se ve opaca o presenta partes deshidratadas, es probable que haya pasado demasiado tiempo desde su captura o que no haya tenido una conservación adecuada.

Los ojos ofrecen una pista clara. Deben verse transparentes, brillantes y ligeramente salientes. Si están hundidos, blanquecinos u opacos, es una señal de deterioro. Esta es una de las formas más rápidas de identificar la pérdida de frescura.

El olor también es determinante. El pescado en buen estado no desprende un aroma fuerte. Su olor es suave y característico. Cuando el olor es intenso, ácido o desagradable, no es recomendable comprarlo, aunque su apariencia externa parezca aceptable.

Otro punto clave son las branquias. Su color natural es rojo o rosado. Si presentan tonos oscuros, marrones o grises, el producto ya no se encuentra en condiciones óptimas para el consumo. Esta parte del pescado suele evidenciar con rapidez el paso del tiempo y la falta de refrigeración.

La textura de la carne permite confirmar su estado. Al presionarla suavemente con un dedo, debe sentirse firme y recuperar su forma de inmediato. Si queda la marca hundida o la carne se percibe blanda, indica que ha perdido frescura.

Más allá de las características físicas, es importante observar cómo está siendo exhibido el producto. El pescado debe permanecer sobre hielo o dentro de equipos de refrigeración. Si está expuesto al ambiente, sin frío constante, aumenta la posibilidad de proliferación de bacterias, especialmente en climas cálidos.

También se recomienda fijarse en el entorno del punto de venta. Superficies limpias, utensilios adecuados y manipulación higiénica reducen riesgos sanitarios. La presencia de moscas, acumulación de agua o desorden son señales de alerta para el comprador.

Después de la compra, el tiempo es un factor determinante. Se aconseja trasladar el pescado directamente al hogar y llevarlo a refrigeración lo antes posible. No es conveniente dejarlo a temperatura ambiente mientras se realizan otras diligencias. Si no se va a preparar el mismo día, debe conservarse en frío y evitar romper la cadena de refrigeración.

Estas verificaciones, que toman solo unos segundos, pueden marcar la diferencia entre una compra segura y un problema de salud durante una de las temporadas en las que más se consume este alimento.

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