Por: Ana María Rincón Herrera
Opinión
En tiempos donde la improvisación parece haberse instalado peligrosamen te en la conducción del país, la llegada de José Manuel Restrepo como candidato a la vicepresidencia, en fórmula con Abelardo de la Espriella, no es un hecho menor: es una señal clara de seriedad, preparación y visión de Estado.
El no viene a improvisar. Su trayectoria habla por sí sola. Académico, exministro, conocedor profundo de la economía y del funcionamiento del Estado, representa algo que hoy escasea en la política colombiana: rigor intelectual combinado con experiencia en la toma de decisiones reales. No es un hombre de discursos vacíos, es un hombre de cifras, de resultados y de diagnóstico certero sobre los desafíos del país.
Su venida no solo despierta expectativa, sino también esperanza en quienes creemos que Colombia necesita volver a la sensatez. Escucharlo es entender que sí hay alternativas responsables frente a la incertidumbre económica, al deterioro institucional y a la pérdida de confianza que hoy sienten millones de ciudadanos.
José Manuel Restrepo entiende el país productivo, el que madruga, el que genera empleo, el que paga impuestos. Entiende también que sin estabilidad jurídica, sin confianza inversionista y sin reglas claras, no hay futuro posible. Y lo dice con argumentos, no con consignas.
Su fórmula con Abelardo de la Espriella no es casual. Es la unión de carácter y conocimiento. De firmeza y estructura. De liderazgo político y solvencia técnica. En momentos donde Colombia necesita decisiones valientes pero bien pensadas, esta dupla representa una opción que combina ambas cosas.
Hoy más que nunca, el país requiere líderes que sepan hacia dónde vamos, pero sobre todo, cómo llegar. Y en ese camino, la presencia de José Manuel Restrepo no solo suma: marca diferencia.
Porque Colombia no necesita más experimentos. Necesita rumbo. Y el rumbo se construye con conocimiento, con experiencia y con amor real por el país.
