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La primera vuelta

Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez

Opinión

Nuevamente Colombia va a las urnas el 31 de mayo y confieso, que no estoy enamorado de ninguno de los candidatos más opcionados. Ni mariposas, ni suspiros, ni la fe ciega del militante que defiende a su elegido, y sin embargo, saldré a votar porque en democracia, abstenerse es dejar que otros decidan por mí.

En este momento, el panorama es claro como el agua del río Magdalena cuando llueve. En días pasados, diferentes encuestadoras como Invamer, GAD3, AtlasIntel, Guarumo-EcoAnalítica y el Centro Nacional de Consultoría, coinciden en que Iván Cepeda lidera la intención de voto con un promedio del 38,6 %, seguido por Abelardo de la Espriella con 23,2 % y Paloma Valencia con 18,4 %. Lo que a todas luces quiere decir que nadie ganará en primera vuelta y habrá segunda el 21 de junio, y ahí es donde el juego se pone interesante.

Por un lado, Cepeda tiene músculo electoral y poder. Recordemos que el Pacto Histórico arrasó en las legislativas de marzo con más de 4,4 millones de votos al Senado y movilizó 2,7 millones en su consulta interna, donde Cepeda capturó 1,5 millones. Eso no se improvisa. Es el candidato de la continuidad, del legado del presidente Petro, y detrás de esa candidatura hay un electorado fiel que no se dispersa. Por lo tanto, subestimarlo sería un error de principiantes.

Ahora bien, la derecha colombiana tiene un problema y es la división entre dos nombres. Una división que podría repetir la historia del 2022, cuando Federico “Fico” Gutiérrez era el candidato seguro del establecimiento y todas las encuestadoras lo sentaban en la mesa de la segunda vuelta. A su vez, los analistas lo daban por hecho y las maquinarias lo respaldaban, hasta que Rodolfo Hernández (Q.E.P.D.) pasó de ser una anécdota en las mediciones a convertirse en el rival de Petro en el balotaje. Mientras que Fico se quedó con la lección más amarga de la política colombiana reciente y es que las encuestas retratan un instante, pero no predicen el resultado.

En ese sentido, De la Espriella hoy ocupa esa misma casilla peligrosa, al ser segundo en las encuestas, sí, pero con el rechazo electoral más alto entre los tres punteros por sus desacertadas entrevistas. En una píldora para la memoria, la Registraduría invalidó el 62 % de las firmas de su candidatura, dejando en evidencia una campaña inflada. Asimismo, según las mismas encuestas es el candidato más débil frente a Cepeda en segunda vuelta. Lo que significaría que el legado del gobierno actual, como la fallida “Paz Total”, continuara activo por cuatro años más.

No obstante, hay un dato que merece atención y que pocos están mirando con cuidado. En los escenarios de segunda vuelta, solo una candidata le gana a Cepeda, las demás fichas de la derecha pierden el mano a mano contra el Pacto Histórico. Ella no, y cuando en una elección solo hay una persona capaz de derrotar al favorito, eso deja de ser una opinión y se convierte en una ecuación.

Mientras algunos politiqueros aprovechan la situación y se suman al que ven ganador, yo creo en el voto útil. Hay que votar con la cabeza y tratar de que Colombia no quede atrapada entre dos extremos que gritan mientras millones de colombianos nos quedamos en silencio. Somos muchos los que no tenemos camiseta de nadie, pero tenemos la responsabilidad del próximo 31 de mayo elegir con inteligencia.

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