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Ha pasado un mes desde la desaparición del abogado Diógenes Sánchez Preciado y del empresario Charliz Sebastián Ospina Marroquín, y hasta ahora sus familias continúan sin conocer qué ocurrió con ellos. La investigación sigue abierta, pero no existen pistas concluyentes sobre su paradero ni se ha establecido con certeza el recorrido que realizaron después de salir de Neiva.

La última vez que ambos fueron vistos fue cuando se movilizaban juntos en una camioneta Toyota Hilux. Desde entonces, el caso se ha convertido en un rompecabezas para sus familiares y para las autoridades, que aún intentan reconstruir los movimientos que realizaron antes de desaparecer. Aunque han transcurrido cuatro semanas desde aquel día, las respuestas siguen siendo escasas y la incertidumbre se mantiene.
Luis Emiro Sánchez, hermano de Diógenes, aseguró que durante este tiempo no han recibido ninguna comunicación que permita establecer si ambos hombres se encuentran con vida o quiénes podrían estar detrás de su desaparición. Según explicó, la información que han logrado recopilar apunta a que se dirigían a una cita que, al parecer, había sido concertada para Charliz Sebastián Ospina. Sin embargo, afirmó que no existe certeza sobre lo ocurrido después de ese encuentro ni sobre las personas que eventualmente podrían tener información de su paradero.

La falta de noticias ha hecho más difícil el paso de los días para la familia. Luis Emiro describió este último mes como un periodo marcado por la angustia y la incertidumbre. Señaló que, más allá de las investigaciones en curso, lo que más golpea a sus allegados es no saber qué ocurrió ni en qué condiciones podrían encontrarse. Por ello, reiteró el llamado para que se respete la vida, la salud y la integridad de ambos desaparecidos y pidió que se entregue alguna prueba que permita conocer su situación.
El familiar también manifestó su disposición para colaborar en cualquier gestión que contribuya a esclarecer el caso o facilite el regreso de los dos hombres. Mientras tanto, las familias permanecen a la espera de avances concretos por parte de las autoridades y de cualquier información que ayude a orientar la búsqueda.
Sobre las posibles causas de la desaparición, Luis Emiro aseguró que nunca tuvo conocimiento de amenazas, conflictos o situaciones de riesgo que involucraran a su hermano. Explicó que compartían con frecuencia y que, antes de su desaparición, no observó comportamientos extraños ni señales que hicieran pensar que enfrentaba algún problema de seguridad. “El que estuviera amenazado no estaría con esa tranquilidad”, sostuvo.
También indicó que Diógenes acompañaba a Charliz Sebastián Ospina en asuntos relacionados con actividades profesionales. No obstante, señaló que la familia desconoce los detalles de las reuniones o compromisos que ambos tenían programados antes de desaparecer.
Treinta días después de la última vez que fueron vistos, la familia sigue aferrada a la posibilidad de recibir alguna noticia. Una llamada, una prueba de supervivencia o cualquier dato que permita orientar la búsqueda es hoy lo que esperan sus allegados, que continúan enfrentando los días con más preguntas que respuestas sobre el paradero de los dos hombres.
