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El ecologismo de vitrina: se rasgan las vestiduras por lo accesorio, pero callan ante la cloaca de Neiva

Por: Rafael Ernesto Salas Montealegre

En Neiva, el activismo ambiental tiene un horario, un guion y una selectiva memoria. Basta con que se tale un árbol para ampliar una vía, que se proponga un proyecto inmobiliario en la periferia o que se use un material no biodegradable en un evento público, para que los autodenominados guardianes de la naturaleza se rasguen las vestiduras. Las redes sociales se inundan de indignación, se convocan plantones y se dictan cátedras de moral ecológica. Sin embargo, ante el principal, más grave y más evidente problema ambiental de la ciudad, reina un silencio ensordecedor.

El elefante en la habitación no es un arbusto; es el río Magdalena. Y la ciudad lo trata, literalmente, como una cloaca a cielo abierto.

Mientras la opinión pública se distrae con batallas ambientales de bajo calibre, la capital del Huila sigue sin Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR). Llevamos años —y ya van varias administraciones— viendo cómo millones de litros de aguas negras caen directamente al río. Pero curiosamente, las mismas voces que claman al cielo por cualquier intervención urbana menor, no han organizado una sola marcha exigiendo la PTAR. No hay plantones por el Magdalena. No hay campañas virales por el saneamiento básico de la ciudad. El ecologismo de vitrina prefiere lo fotogénico y lo fácil, ignorando la tragedia sanitaria y ecológica que ocurre bajo nuestras narices.

La realidad es que la PTAR de Neiva se ha convertido en el gran elefante blanco de la gestión pública. En 2019 socializaron diseños; en 2025, Las Ceibas anunció gestiones con Cormagdalena; y ahora, en octubre de 2026, la Alcaldía vuelve a salir de peregrinación a pedirle al Gobierno Nacional que, por favor, les ayude a estructurar lo que no han podido estructurar en años. El problema no es que falten estudios; el problema es que la ciudad no tiene la madurez institucional para ejecutar obras de esta magnitud.

Si los verdaderos defensores del medio ambiente se preocuparan por el río, estarían exigiendo a gritos un cambio de paradigma. La solución no es seguir dependiendo de la buena voluntad de un alcalde de turno, ni de la capacidad de endeudamiento del municipio, ni de las limosnas presupuestales de la Nación.

La PTAR exige una visión empresarial. Neiva necesita con urgencia la creación de una Empresa de Desarrollo Urbano (EDU).

Lejos de ser más burocracia, la EDU sería el vehículo técnico, jurídico y financiero para sacar los grandes proyectos de la ciudad de la improvisación política. El modelo es sencillo y de sentido común, pero requiere que la ciudadanía (y los supuestos ambientalistas) exija profesionalización:

Una EDU de Neiva (Nivel Estratégico): Encargada de estructurar los grandes proyectos, articular recursos y diseñar la participación privada.

Una empresa especializada para la PTAR (Nivel Operativo): Una sociedad de propósito específico, con capital público y privado, dedicada exclusivamente a financiar, construir, operar y mantener la planta.

Esta estructura permitiría blindar el proyecto de los ciclos políticos de cuatro años. Una PTAR no se construye ni se opera con discursos de campaña; se construye con financiación de largo plazo, gestión predial, licenciamiento ambiental y contratos transparentes. La EDU garantizaría que los recursos públicos, la inversión privada y la capacidad institucional trabajen hacia un mismo fin, sin que el proyecto “reinicie” cada vez que cambia el mandatario.

Crear una empresa no produce dinero mágicamente, pero sí organiza el proyecto para que sea financiable. Permite evaluar el impacto tarifario, asumir riesgos de forma transparente y garantizar que la obra se haga.

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