Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez
Opinión
Mientras camino por las calles de mi ciudad, siento una sensación de impotencia dado que la “Perla del Huila” se ha transformado prácticamente en una letrina a cielo abierto. No es una exageración, ni nada personal contra las autoridades, es la cruda realidad que estamos viviendo ad portas de las festividades sampedrinas, cuando deberíamos estar preocupados por mostrar lo mejor de nuestra tierra a los turistas.
El bloqueo al relleno sanitario Los Ángeles ha desnudado una verdad incómoda y es que nuestra ciudad pende de un hilo tan frágil, que basta con que un par de personas decidan cerrar una vía para que cerca de 27 municipios se ahoguen en su propia inmundicia. Definitivamente, es el colmo de la vulnerabilidad institucional.
Pero seamos sinceros, esto no es solo culpa del bloqueo. Lo que estamos presenciando es el resultado de años de negligencia administrativa, de una clase política más preocupada por los contratos que por los servicios públicos esenciales. En ese contexto me surgen dudas como: ¿Dónde están las autoridades competentes? ¿Dónde está el plan de contingencia? ¿O acaso creían que el problema de las basuras se resolvería solo?
Hoy rumbo a mi trabajo, vi muebles viejos flotando sobre el río Las Ceibas. Si, muebles en nuestro río, como si fuera normal o aceptable. Y mientras tanto, las autoridades “evalúan” declarar una emergencia sanitaria. Sin duda, es importante que se tomen medidas inmediatas, antes de que los turistas se vayan espantados por el mal aspecto de nuestra ciudad.
En algunas oportunidades la ironía puede ser cruel, pero es la realidad. En medio del inicio de nuestras fiestas tradicionales, cuando deberíamos estar celebrando la cultura y mostrando hospitalidad, no encontramos literalmente ahogándonos en basura. Es lamentable, pero las diferentes comunas de Neiva parecen zonas de guerra sanitaria, en donde los residuos se acumulan, los vectores proliferan y la salud pública se encuentra en jaque.
Este problema trasciende de lo estético a temas de salud pública, dado que estamos hablando de 240 toneladas de residuos represados. Algo preocupante, ya que en un clima como el nuestro, eso es una bomba de tiempo esperando estallar. Los niños, los ancianos, las personas con enfermedades respiratorias podrían estar en riesgo inminente.
Por su parte, la respuesta oficial no parece ser muy alentadora: “diálogo”, “mesas de trabajo”, “articulación interinstitucional”. El mismo libreto de siempre, las mismas palabras vacías que ya hemos escuchado. Lo cierto es que mientras los funcionarios se reúnen a dialogar, la ciudad se pudre bajo un sol infernal que se intensifica por el calentamiento global. Y como cereza del pastel, Ciudad Limpia nos sugiere que guardemos los residuos en nuestras casas. Es el colmo del cinismo pretender que cada hogar se convierta en un depósito de basura mientras ellos resuelven su incompetencia operativa.
En definitiva, Neiva merece autoridades que no esperen a que el problema explote para actuar. Nos merecemos un sistema de recolección con planes de contingencia eficientes, que no dependan de la voluntad de un par de personas para funcionar. Esta crisis sanitaria, porque eso es lo que es, aunque no la hayan declarado oficialmente, debe ser un punto de inflexión. O actuamos ahora, o Neiva dejará de ser la Perla del Huila para convertirse en el basurero del sur colombiano.
