inicioOpiniónQue rime y que se pueda, como verdadero liberal voy con Cepeda

Que rime y que se pueda, como verdadero liberal voy con Cepeda

Por: Ándrés Calderón

Opinión

El escenario de segunda vuelta en Colombia es una historia cantada desde hace rato, una batalla campal entre derecha e izquierda que aniquiló la posibilidad para todo aquel que esté fuera de este marco dual. Y es que así lo evidencian los resultados, no es ningún tipo de elucubración, pues entre Sergio Fajardo y Claudia López, quienes representan ese sector, existe la módica suma de 1.234.000 votos aproximadamente (5% de los que votaron). El resto de los candidatos logró su cometido de echarse el shampoo.

A ese escenario de concentración de la gran masa electoral, 19 millones y medio de votos en dos candidaturas, se le llama polarización, una gran división de opiniones en dos grandes polos que representan, eso sí debe decirse con claridad, el pasado y el presente, dos propuestas de país: una que aboga por el continuismo de las ideas progresistas hoy en el poder y otra que se disfraza de renovación sustentada no en una propuesta, sino en una fuerte estrategia de marketing que se reduce a la figura de un tigre y un jingle.

Volviendo al tema de la polarización, debo decirle con claridad que es un escenario que, si bien no es propiamente el ideal, pues vivimos bajo las añoranzas de mundos utópicos promovidos por muchas tesis políticas y religiosas, es un escenario intrínseco al ejercicio de la democracia, en el entendido de que cada persona es un mundo, un ser individualmente razonable que toma sus propias decisiones y, bajo esta forma de gobierno, tiene derecho a tramitarlas a través del diálogo y los votos. Bajo esta premisa, de ninguna forma se puede hablar del escenario polarizador como un aspecto negativo de la democracia, ni endilgar responsabilidades de esta situación a uno u otro candidato, como ha sido la estrategia del Centro Democrático desde hace rato.

Que el país esté dividido, eso no es nuevo; antaño eran conservadores y liberales o, para los más viejos, godos y cachiporros. Podemos referenciar más fácilmente esta circunstancia desde el escenario desde el plebiscito por la paz, donde sorpresivamente ganó el “no” en una muy reñida disputa. En adelante, las cosas han estado cabeza a cabeza. Pero esta división en Colombia tiene una particularidad que obedece a problemas propios de nuestra Nación; así como por ejemplo a los chilenos los divide las discusiones frente al antes y después de Pinochet; a Colombia la divide el conflicto armado interno en el que sin ningún rastro ya de ideología, los grupos armados son puramente narcotraficantes, pero su presencia se instrumentaliza por parte de la derecha en campaña bajo lo vieja tesis de guerrillas que pueden tomarse el poder, por supuesto bajo la supuesta complacencia de la izquierda.

Es así como tras décadas de conflicto, los problemas en lo económico, social y ambiental se recubren con el manto de la guerra, se invisibilizan en el debate político, lo que lleva a la simplificación de las ideas de país, embelesándonos en discusiones estériles que nada tienen que ver con nuestra realidad nacional ni nuestros problemas. Qué bueno sería para nuestra democracia y bienestar que el debate político se hubiese centrado en la realidad económica, en las alternativas o salidas al problema de salud, en la lucha contra el narcotráfico, en la reconfiguración de la estrategia de seguridad, en la lucha contra el cambio climático, en las desigualdades territoriales y en las relaciones internacionales para el posicionamiento de nuestra economía. Seguro que propuestas como las de Claudia López, Murillo, Fajardo y el mismo Roy hubiesen tenido una mejor posición electoral. En cambio de eso, hoy la ciudadanía colombiana se polariza entre la única propuesta seria de país que queda en contienda, la de Cepeda, y el espectáculo mediático de un candidato que se cree tigre, mueve la cola y repite que está firme por la patria de la que reniega y estaría dispuesto a abandonar si no gana.

Debo confesar que nunca preferí a Cepeda como candidato del progresismo; me inclinaba más hacia figuras como Bolívar o Murillo. Sin embargo, las circunstancias lo llevaron a él a liderar con todos los méritos para hacerlo, en especial cuando hablamos de ética. Por eso, como un verdadero liberal, estaré del lado de su propuesta, honrando los principios que alguna vez representaron tan bien Gaitán, Galán y Lara Bonilla, y no el oportunismo de estar del lado de quien se cree ganador.

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