Por: Andrés Calderón
Opinión
El nuevo caballito de batalla del gobierno entrante, encabezado por el vicepresidente José Manuel Restrepo, es el famoso déficit fiscal, un tema con el que han querido, una vez más, desdibujar el trabajo hecho por el gobierno aún en ejercicio. Pero, ¿qué es el déficit fiscal y por qué es tan importante en las discusiones de país? ¿Cuáles son sus efectos en la economía y cómo puede contrarrestarse? O mejor aún, ¿es posible eliminarlo o vivir con él?
Lo primero que hay que decir es que lo “fiscal” en economía hace referencia a todo lo que tiene que ver con el tesoro público, o sea, todo el dinero con el que se presupuesta anualmente el gobierno, que son principalmente los ingresos por impuestos. Luego podemos decir que el déficit ocurre cuando ese nivel de ingresos que generan los impuestos y otros ítems, como los ingresos de Ecopetrol, por ejemplo, no es suficiente para cubrir los gastos.
Respecto a la relevancia de este tema en la economía del país y si es determinante o no en el buen desarrollo del nuevo gobierno, debo decir, como dice un amigo: con mucho cariño, pero sin anestesia, señor vicepresidente que parece presidente, que no es más que otro show mediático de su parte. Todos sabemos, o bueno, al menos los economistas sabemos, que la lógica del endeudamiento estatal tiene similitud con la el endeudamiento de un hogar, por ejemplo, si se tienen necesidades de inversión o satisfacción de necesidades básicas, tanto un hogar como un gobierno, el endeudamiento siempre es una opción.
En un país con tantas necesidades, no solo desigualdades sino también inequidades, pobreza y violencia, se necesita una fuerte inversión pública, en especial en los territorios más rezagados, para poder generar ese desarrollo del que a ustedes tanto les gusta hablar, la creación de empresas y formación bruta de capital. En este país no basta con aplicar las fórmulas neoliberales del “desarrollo”; aquí primero hay que solucionar los temas de violencia que se asocian a la corrupción, años de abandono estatal, a las economías ilegales y rezago en investigación y desarrollo (más educación).
Los economistas ortodoxos como Restrepo son felices solucionando los problemas del país desde el escritorio y con las recetas formuladas desde los centros de pensamiento anglosajones, y eso es, válganme la analogía, como si un médico quisiera aplicar una sola formula médica para curar todos los males, una especie de panacea; imagínense un paciente de diabetes tomando acetaminofén para su control; así se ve esta radiografía.
El profesor Manfred Max-Neef, una eminencia de la economía heterodoxa, latinoamericano ya fallecido, decía que el déficit fiscal era una preocupación secundaria frente a los problemas del sistema económico mundial, y tenía toda la razón. Vivir con déficit y por supuesto deuda, más cuando se tiene tantas necesidades no es malo; lo malo puede ser su perdurabilidad sino se convierte en inversión, y por ahora ese no es el caso de Colombia. Para la muestra, un botón: Estados Unidos tiene un déficit fiscal en porcentaje del PIB cercano al 7%, el más alto de la OCDE y lleva varios años así, no obstante, sigue siendo la economía más fuerte del mundo. Otro grande que está acostumbrado a vivir en estas condiciones es Japón, un país de excelente calidad de vida, con muchos de los problemas que nosotros tenemos ya resueltos, pero con una deuda superior al 200% y un déficit superior a 4%. Brasil, nuestro vecino que está en el ranking de las 10 economías más grandes del mundo y que más ha superado la pobreza en los últimos 20 años, está por encima de nosotros en déficit fiscal y allí no se está hablando de hecatombe o de la patria miseria.
Doctor Restrepo, creo que la miseria está en sus mentes al no reconocer el estado crítico de nuestra economía y nuestra sociedad durante décadas por cuenta de su incompetencia, y digo “su” porque él ha sido parte de esa manada que se hace llamar ahora los “nunca” y que nos han heredado todos los males.
Si sus recetas fueran tan buenas, doctor Restrepo, no nos hubieran entregado un país que se parece mucho al de hoy, al que tanto critican sus huestes. La bendita regla fiscal y el déficit fiscal no son más que propósitos secundarios que se pueden resolver con una reforma tributaria como la que negaron a Petro, pero que seguro ustedes presentarán y ahora sí será aprobada o, como ha solido ser su costumbre, aprovechando los precios del petróleo y su explotación a ultranza de la vida.
