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El Curíbano, ¿un humedal condenado al olvido?

Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez

En Neiva estamos a tiempo de evitar una frase que me aterraría escuchar a futuro: “Aquí antes había un humedal”. Me imagino a un niño escuchándola frente a una fila de apartamentos, mientras algún adulto le explica que allí hubo agua, aves y babillas. No digo que ya exista un proyecto para levantar edificios sobre El Curíbano, pero sí temo que nos acostumbremos tanto a verlo secarse que, llegado el día, su ausencia ya no le sorprenda a nadie.

En septiembre, la CAM reportó una reducción crítica del espejo de agua y tuvo que rescatar babillas, tortugas y numerosos peces. Cuando a los animales hay que sacarlos de su propia casa para salvarles la vida, la emergencia se transforma en una pregunta sobre nuestra forma de habitar la ciudad: ¿qué estamos haciendo con lo que aún nos queda?

Alguien dirá que la culpa es de la sequía. La CAM ha explicado que El Curíbano es un reservorio artificial y que sus niveles dependen de las lluvias. Lo entiendo. Pero una investigación universitaria publicada en el año 2023 identificó obras de interceptación y canalización de aguas lluvias en su zona de recarga. En octubre, la Secretaría de Ambiente de Neiva habló de indicios de posibles desvíos de fuentes hídricas asociados con intervenciones urbanísticas. Eso todavía no demuestra quién causó qué; por eso es importante que se adelanten las respectivas investigaciones.

Confieso que la palabra «desarrollo» empieza a inquietarme cuando viene acompañada de silencio sobre el agua. Claro que Neiva necesita vivienda, inversión y empleo, pero ninguna maqueta debería valer más que la salud de un ecosistema. ¿De qué nos servirán balcones con una bonita vista si aquello que alguna vez mereció ser mirado termina convertido en un recuerdo?

No quiero un culpable de ocasión ni una pelea entre defensores del ambiente y constructores. Quiero saber qué fuentes alimentan hoy El Curíbano, qué cambió en su recorrido y por qué. Quiero ver el Plan de Manejo Ambiental, adoptado, traducido en resultados, no archivado en una carpeta. Quiero que las autoridades expliquen qué medidas permanentes tomarán y que quienes intervienen el territorio rindan cuentas de lo que les corresponde.

También nos corresponde mirarnos al espejo y reflexionar cuál es nuestro aporte, ya que muchas veces nos indignamos ante una noticia de animales rescatados; luego seguimos de largo. Un humedal se defiende exigiendo información, vigilando decisiones y entendiendo que proteger el agua es cuidar nuestra propia vida.

Me niego a que El Curíbano se convierta en otra historia de lo que dejamos perder. Si algún día levantan apartamentos allí, no quiero que los anuncien con una “vista privilegiada”. Nada tendría de privilegiado mirar desde un balcón el lugar donde dejamos morir la vida. Todavía podemos cambiar el final. Que Neiva construya hacia el futuro, sí; pero que no lo haga enterrando el suyo.

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