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La Silla Vacía, la libertad de prensa y la política

Por: Fredy Ernesto Tovar Montenegro

Opinión

Las encuestas por la presidencia, que se han publicado hasta la fecha, incluidas las tres que emitieron sus resultados hoy domingo primero de marzo, definen a Iván Cepeda como el candidato más opcionado a ganar la presidencia de Colombia, dando continuidad al gobierno progresista actual.

Esta evidente victoria tiene a los opositores echando mano de cuanto relato y discurso anticepedista exista para intentar enlodar el nombre del futuro presidente, buscando frustrar lo que muy posiblemente va a pasar en las elecciones presidenciales del presente año.

El traqueado cuento de los vínculos de Iván Cepeda con las FARC no es novedoso y por el contrario lleva casi más de dos décadas sin ningún efecto real ante la justicia y los organismos de control, pues lo que si es concreto es que las pruebas de dicha vinculación delictiva no existen, no son un dato, son solo un relato.

La controversia se remonta al operativo militar realizado en el 2008 contra el campamento de las FARC en Ecuador, donde fue dado de baja Raúl Reyes y fueron incautados varios equipos electrónicos. Desde el inicio la cadena de custodia y la validez probatoria de los archivos generaron serios cuestionamientos dentro y fuera del País, lo que decantó en distintos fallos judiciales que cuestionaron el manejo y la manipulación del material, deslegitimando su uso como pruebas concluyentes en procesos penales. Dicho de otra manera, los computadores fueron manipulados y eso los descarta en cuanto a su veracidad y acervo probatorio.

Las cosas así, cuando se pretende insistir en que determinados nombres si aparecían en la memoria del portátil de Reyes, como mínimo, resulta problemático si no existe una explicación clara de que valor jurídico y que contexto tienen dichas menciones. No es igual afirmar que apareció un nombre en un archivo digital, que sostener que existe evidencia sólida de una relación sospechosa o indebida. La cuestión no es simplemente semántica es profundamente jurídica y ética; así lo hace suponer el titular de La Silla Vacía: “Mención de Iván Cepeda en computador de las Farc no fue un montaje”.

Es evidente que dichas campañas de desprestigio no logran su cometido, que a todas luces intentan enlodar, anular, debilitar e incluso anular al candidato Cepeda disparando al talón de Aquiles de cualquier individuo, su idoneidad desde el punto de vista moral y ético.

La insistente repetición del relato en las redes y bodegas de derecha lo que vienen logrando por efecto de rebote, es consolidar el respaldo popular a Cepeda a través del fortalecimiento del voto de opinión y el incremente de mas sectores que se suman a la causa del cambio.

De otro lado, lo que suscita esta discusión, es como la persistencia de las campañas de desprestigio contra Cepeda, ya no se presentan solo en un sector político, sino también en instancias de comunicación y portales alternativos, aparentemente serios, profesionales y rigurosos con sus fuentes, pero que quedan al descubierto asumiendo posturas ideológicas alineadas con candidaturas declaradas.

De cara a la libertad de expresión, y dentro de los parámetros de la democracia, resulta válido y necesario que medios de comunicación, portales y redes sociales asuman una orilla política de forma abierta y frentera, pero no es posible aceptar que esos mismos medios, en el caso concreto de La Silla Vacía, presenten su opción política como parte de un trabajo de investigación en principio serio y objetivo. Dicho diferente, pareciera que la Silla Vacía asume el trabajo investigativo como arma de contienda electoral. Si tienen preferencias políticas electorales, es sano tenerla, pero es mas sano asumirlas.

La silla vacía cree que le pone el palo en la rueda a Iván Cepeda, reviviendo una noticia muerta, con títulos atrevidos e irresponsables, presentando el artículo de investigación en mención, faltando 8 días para las elecciones de congreso y a menos de tres meses de las elecciones presidenciales.

La filosofía popular es prístina y profunda cuando afirma: “más rápido cae un cojo que un mentiroso” y esta va para la silla vacía: “nadie sabe para quién trabaja”. Gracias por hacer ruido logrando reafirmar la honestidad y transparencia en el trasegar del siguiente presidente del Cambio.

Y porque no repetir la frese popular que se volvió Slogan de la campaña de Iván:

¡Solo Cepeda en esta mondá!

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