Por: Jorge García Quiroga
Opinión
Un hecho reciente en Cali, que terminó en una tragedia y tuvo amplia visibilidad mediática, llamó profundamente mi atención, especialmente al evidenciar que había un niño de por medio. Sin ser experto en el tema, decidí indagar un poco para intentar comprender ciertas reacciones del comportamiento humano en momentos límite.
La ciencia ha estudiado durante décadas cómo reacciona el ser humano ante el dolor emocional. El neurocientífico Antonio Damasio ha explicado que las emociones no son lo opuesto a la razón, sino una parte fundamental de ella. Cuando una persona atraviesa una pérdida fuerte o una situación extrema, esa relación se altera, y las decisiones dejan de pasar por un análisis tranquilo.
En esa misma línea, el psiquiatra Bessel van der Kolk ha demostrado que el trauma no solo afecta la mente, sino también el cuerpo. El dolor emocional puede generar respuestas físicas reales: tensión, ansiedad, desregulación del sistema nervioso y una sensación constante de amenaza. Es como si el organismo permaneciera en alerta, incluso cuando ya no hay un peligro inmediato.
Desde la psicología, autores como Daniel Goleman han descrito lo que ocurre en estos momentos como un “secuestro emocional”. Bajo altos niveles de estrés, el cerebro emocional toma el control y reduce la capacidad de pensar con claridad. Esto no significa perder completamente el control, pero sí que las reacciones pueden volverse más impulsivas, desorganizadas o difíciles de entender desde afuera.
No se trata de justificar comportamientos, sino de reconocer que el ser humano, en condiciones de dolor extremo, no siempre responde desde la lógica. Hay momentos en los que la emoción domina el pensamiento.
Además, la evidencia muestra que el acompañamiento oportuno influye de manera importante en cómo una persona enfrenta estas situaciones. La Organización Mundial de la Salud ha insistido en que la salud mental es parte esencial de la atención en crisis. La escucha, el apoyo psicológico y la contención emocional pueden ayudar a disminuir el impacto de eventos traumáticos y a estabilizar a las personas en momentos críticos.
Al mismo tiempo, también es conocido que muchos sistemas de salud funcionan bajo alta presión. La congestión, los tiempos de espera y la falta de recursos son realidades frecuentes en distintos contextos. Desde la ciencia organizacional, estos factores se entienden como parte de sistemas que operan al límite, lo que puede afectar la experiencia de quienes llegan en situaciones de vulnerabilidad.
Este tipo de hechos muestran cómo se cruzan varias dimensiones: lo emocional, lo humano y lo institucional. No es una sola causa ni una sola explicación, sino una suma de elementos que coinciden en un momento determinado.
Desde lo que dice la ciencia, el dolor emocional es real, tiene efectos en el cuerpo y puede influir en la conducta. No siempre es visible, pero sí profundo. Puede cambiar la forma en que una persona percibe la realidad y responde ante ella.
Entender esto no cambia lo ocurrido, pero permite acercarse un poco más a comprender lo que puede pasar dentro de una persona cuando atraviesa un dolor intenso.
