Por: Fredy Ernesto Tovar Montenegro
Opinión
En una intervención realizada esta semana que termina, Uribe afirmó en Medellín: “acá vino Iván Cepeda a ratificar que es el candidato de los terroristas, a imponer una nueva modalidad de paramilitarismo…” Es tan pobre esa argumentación que invito a mis amigos Uribistas a refrescar la memoria con algunos datos y no con el relato que propone el expresidente.
Partamos de recordar los vínculos que tuvo el padre de Uribe, Alberto Uribe Sierra, con el cartel de Medellín. Cuando Uribe fue director de la Aeronáutica Civil se formalizaron licencias de pistas ilegales y aeropuertos del narcotráfico pertenecientes al cartel de Medellín; siendo gobernador de Antioquia se ejecutaron masacres como la del Aro, la granja, la hacienda Carolina, hechos que ha reconocido y aceptado, como también la operación Orión en Medellín, al igual que la escombrera. En paralelo la creación de los 12 apóstoles, organización delictiva que hoy tiene a su hermano Santi, bajo las rejas pagando condena; no podemos olvidar decenas de masacres de campesinos en su periodo como gobernador de Antioquia.
Difícil no recordar a Jesús María Valle Jaramillo, abogado que denunció masacres como la de Ituango revelando la responsabilidad de militares y gobiernos regionales, con una clara responsabilidad homicida de Uribe, quien posteriormente fue asesinado, su muerte sigue impune.
Posteriormente su secretario de gobierno de Antioquia, Juan Moreno, quien contribuyó a esclarecer muchos de los crímenes de Estado que se cometieron en su gobernación, pues fue gestor de las convivir y asesor de los paramilitares según las declaraciones de Mancuso, también muere en un supuesto accidente, que luego fue desmentido, ya que hay pruebas que el Helicóptero en el que murió fue manipulado, pero del cual hoy no hay responsables ni condenados; adicionalmente una de las testigos de la manipulación de la aeronave fue asesinada y su crimen también continua impune.
Como olvidar al “Pacificador”, como llamaba Uribe al General Rito Alejo Del Rio, hoy condenado por las masacres cometidas en el Urabá antioqueño. Es imposible ocultar que Uribe llegó a la Presidencia de la República con el apoyo del Paramilitarismo, pues estos contribuyeron a su elección presidencial de forma fraudulenta, denuncias testificadas por Rodrigo García, el llamado “Ventilador del DAS” quien declaró que a través de los paramilitares obtuvieron un inmenso fraude electoral a favor de Uribe, pues denunció como obligaban a las comunidades campesinas a votar a favor del expresidente.
Peor aún la manera en que se dio la reelección, comprando notarias por las cuales varios de los ministros del gobierno Uribe, fueron condenados; a este caso pertenece la Yidispolitica.
Y qué decir de la manera en que el DAS se transformó en una especie de Policía política, pues desde esta institución se elaboraron listas para que los paramilitares asesinaran dirigentes sindicales, dirigentes campesinos, defensores de derechos humanos, etc. Un caso icónico de este modus operandi del DAS fue el asesinato de Alfredo Correa de Andaréis, sociólogo y docente universitario, quien después de salir de la cárcel por falta de pruebas, fue asesinado por las AUC y el DAS en un barrio residencial de Barranquilla.
Recordemos la persecución a la Corte Suprema de Justicia, con las ordenes que salían de la casa de Nariño, por lo cual muchos de los funcionarios del gobierno Uribe fueron condenados. Por ejemplo, la condena contra Jorge Noguera Cotes, María del Pilar Hurtado y otros 25 agentes de inteligencia del DAS que dependían directamente de las órdenes del expresidente; también Bernardo Moreno, exdirector del DAPRE condenado por el escándalo de las chuzadas.
Como olvidar las declaraciones televisadas del exalcalde del Roble Eudaldo Diaz quien le dijo a Uribe frente a Salvador Arana, cuando este era gobernador de Sucre, que desde la gobernación eran responsables si lo asesinaban, dos meses después de dicha denuncia es asesinado y Uribe premia a Arana nombrándolo como cónsul en Chile, pero este posteriormente reconoce el delito y fue condenado.
Definitivamente hay más de 6402 razones para que Uribe y los uribistas tengan la decencia y la pena de hacer silencio si de narcoterrorismo y paramilitarismo vamos a hablar.
