NACIONAL
El trabajo infantil en el país no solo se expresa en actividades económicas visibles sino también en las labores domésticas y de cuidado que ocupan buena parte del tiempo de niños y adolescentes. De acuerdo con el DANE, durante el trimestre octubre diciembre de 2025, la tasa de trabajo infantil fue de 2,8 %, pero al incluir las tareas no remuneradas que superan las 15 horas semanales, el indicador asciende a 10,8 %.
El reporte señala que la población entre 5 y 17 años representa el 20,9 % del total del país, y dentro de este grupo una proporción significativa dedica su semana a actividades que interfieren con el estudio y el descanso. Esta medición ampliada permite observar una dimensión que no siempre es evidente cuando se habla de trabajo infantil, pues muchas de estas responsabilidades se desarrollan dentro del hogar.
Las cifras muestran que el fenómeno tiene un comportamiento distinto según el territorio. En zonas rurales y centros poblados la tasa se ubicó en 5,2 %, mientras que en las cabeceras urbanas fue de 1,8 %. La diferencia refleja las dinámicas económicas familiares que dependen de actividades agrícolas, pecuarias e informales, donde la participación de menores suele verse como parte de la cotidianidad.
El informe también detalla que el 74,5 % de los menores que trabajan son hombres, con cerca de 225.000 casos, mientras que el 25,5 % corresponde a mujeres, con 77.000 registros. Sin embargo, sobre las niñas y adolescentes recae de manera desproporcionada la carga de tareas domésticas y de cuidado no remuneradas, un aspecto que amplía la comprensión del fenómeno.
En cuanto a la edad, el 80,3 % de los casos se concentra en adolescentes entre 15 y 17 años, mientras que el rango entre 5 y 14 años representa el 19,7 %. Esto indica que la participación en estas actividades se intensifica en la adolescencia, etapa en la que muchos buscan generar ingresos propios o apoyar la economía familiar.
Entre las razones que expresan los menores para trabajar aparece en primer lugar el gusto por tener dinero propio con un 52,8 %. Un 20,4 % menciona la participación en la economía del hogar y un 15,0 % señala la ayuda con gastos familiares o educativos. Estas respuestas permiten entender que, detrás de la decisión de trabajar, existen presiones económicas que forman parte de la vida cotidiana de muchos hogares.
El Departamento Administrativo Nacional de Estadística advierte que estas situaciones tienen efectos a largo plazo en el desarrollo de habilidades básicas, en la lectoescritura y en el crecimiento intelectual. Cuando el tiempo del menor se divide entre estudio, trabajo y responsabilidades domésticas, la permanencia escolar y el desempeño académico se ven afectados.
Aunque la tendencia general del trabajo infantil ha mostrado una reducción gradual en los últimos años, la medición que incluye labores domésticas revela que el fenómeno continúa presente en los hogares colombianos. Las cifras permiten dimensionar una realidad que no siempre es visible en espacios públicos pero que se refleja con claridad en el tiempo que muchos niños y adolescentes destinan a estas actividades.
