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Segunda vuelta: entre las propuestas y la intimidación política

Por: Ana María Rincón Herrera

Opinión

La campaña presidencial entra en su etapa definitiva y los colombianos se preparan para tomar una de las decisiones más importantes para el futuro del país. La segunda vuelta debe ser un escenario para contrastar ideas, propuestas y visiones de nación, no un espacio para la intimidación, los ataques personales o las presiones contra quienes apoyan una determinada candidatura.

En distintos sectores se ha expresado preocupación por las presuntas presiones y ataques dirigidos contra personas que respaldan a Abelardo de la Espriella. De confirmarse estos hechos, resultarían incompatibles con los principios democráticos que garantizan la libertad de participación política y de expresión de todos los ciudadanos, independientemente de sus preferencias electorales.

La democracia no consiste en imponer una visión mediante el miedo o el señalamiento. Por el contrario, se fundamenta en la capacidad de convencer, debatir y respetar el derecho de cada colombiano a elegir libremente. Ningún contratista, servidor público, empresario, trabajador o ciudadano debería sentirse presionado para apoyar una candidatura o para guardar silencio sobre sus convicciones políticas.

Las campañas electorales suelen despertar pasiones intensas. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre la confrontación de ideas y la descalificación sistemática del adversario. Cuando la política se convierte en una disputa orientada a destruir al contradictor en lugar de persuadir al elector, pierde la democracia y pierde el país.

Los colombianos merecen una discusión de altura sobre seguridad, desarrollo económico, generación de empleo, fortalecimiento institucional, educación y lucha contra la corrupción. Esos son los temas que deberían ocupar el centro del debate durante los días previos a la elección.

La segunda vuelta representa una oportunidad para que Colombia demuestre madurez democrática. Cualquiera que sea el resultado, este debe surgir de la voluntad libre de los ciudadanos expresada en las urnas, sin presiones, sin intimidaciones y con plenas garantías para todos los sectores políticos.

El próximo presidente de Colombia debe ser elegido por la fuerza de sus propuestas, la solidez de sus ideas y el respaldo popular, nunca por el miedo. La democracia se fortalece cuando cada ciudadano puede votar en libertad y cuando las diferencias políticas se resuelven mediante argumentos, no a través de ataques o señalamientos.

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