Por: Andrés Calderón
Opinión
Esta semana se estremeció la escena política con la posesión del nuevo congreso, que resolvió de inmediato las expectativas alrededor de su organización, de la mesa directiva y la conformación de los bloques de oposición y gobierno. Como hecho a resaltar, que ha dado mucho de qué hablar y un sinfín de conjeturas, está la elección de la presidencia del senado, dignidad que tradicionalmente se ha entregado al partido de gobierno mayoritario, pero que esta vez quiso el nuevo presidente que fuese el de sus afectos, aunque después saliera a negarlo, como hace siempre. “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde, arrebata”, a lo Trump.
Al respecto, el día de ayer se me acercó un amigo y me dijo: “Ya ve, Andrés, increíble, se unieron Uribe y Petro para hacer contrapeso a Abelardo y lo que los une es el odio.” Y es lo que piensa mucha gente. Yo asentí con mi cabeza, no queriendo ahondar en el tema porque pensé que este más bien merecía una columna en la que pudiese expresar con mucha prudencia y objetividad mi opinión, y aquí está:
Este es un tema que puede verse desde muchas ópticas; sin embargo, creo que son dos las grandes conclusiones acerca de él, y voy a empezar por la teórica, que seguramente da las principales razones para justificar la determinación del Senado la noche del lunes al elegir al senador Honorio Henriquez del Centro Democrático en una alianza impensada entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico, las dos más importantes fuerzas del Congreso.
El francés Montesquieu nos regaló a través de su obra El Espíritu de las Leyes una de las más importantes teorías que hoy, siglos después, sostiene la estructura de la mayoría de los estados y es, nada más y nada menos que, la separación de poderes; este es hoy un principio de nuestra Constitución Política, en el que se dicta que los diversos órganos del poder tienen funciones separadas, pero se articulan para cumplir los fines del Estado. Esto quiere decir que el Congreso de la República es autónomo en sus decisiones, así como en su elección, y un presidente de la República no puede tratar de imponerle su presidencia o cualquier cargo administrativo, y no hacerlo no implica un sabotaje al gobierno, como lo expresó el ministro Rodrigo Lara. Claro, normalmente se negocia la presidencia del Senado y se lleva a cabo un consenso, sobre todo en el primer año, como gesto de voluntad para trabajar en equipo con el nuevo presidente, pero este no fue el caso.
El tigre quiso arrebatar el liderazgo de la derecha al expresidente Uribe y, a través de este intento de elección de la presidencia del Congreso, lo dejó claro, pero el tiro le salió por la culata y el pulso lo ganó Uribe, quien contó con la fortuna de tener la bancada del Pacto Histórico alineada en no permitir la toma del Congreso por el tigre. Parece ser entonces que, ahora la estrategia del nuevo gobierno será intentar gobernar a través de decretos, saltándose el Congreso, o por lo menos así lo manifestó quien pretende ser el asesor jurídico de la presidencia.
En la práctica, podemos decir que quedó demostrado el enorme poder del que gozan Álvaro Uribe Vélez, Gustavo Petro y sus bancadas en el Congreso; al tigre le picaron las abejas y el jaguar dio la estocada final. Ahora, hay que decir claramente que la votación del Pacto Histórico no va en favor del Centro Democrático, ni se van a aliar para hacer la oposición, como muchos están creyendo. Este fue simplemente un hecho coyuntural, pues el PH y el CD tienen profundas diferencias ideológicas, así que esta es una decisión netamente utilitaria, válida en el juego del Congreso, y que a la larga permitirá que se garantice, como decía Montesquieu, evitar la tiranía y proteger las libertades. Pero el CD es y seguirá siendo un partido de gobierno.
Hay que destacar también que los votos que eligieron al nuevo presidente del Congreso no solo son los de la alianza del Centro Democrático y del Pacto Histórico, sino que también se sumaron apoyos de disidentes de los partidos De la U, Verde, Liberal y Conservador, lo que rompe la tesis de las mayorías de las que habla el abelardismo y más bien ratifica el escenario de polarización política, una circunstancia que no dio muchas ventajas a Petro y seguro tampoco las dará a Abelardo.
En todo caso, la foto fue inédita y quedará para la historia, derecha e izquierda celebrando juntos un triunfo en contra del nuevo presidente. Perdiste, Rodrigo Lara, y no te has posesionado.
