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Cuando Jaime Alonso Rojas Arbelaez recibió la llamada para viajar a Venezuela, sabía que iba a enfrentarse a una emergencia de grandes proporciones. Lo que no imaginaba era que, al llegar a la zona del desastre, encontraría una ciudad donde, según recuerda, cerca del 80 % de las edificaciones habían colapsado. Entre montañas de concreto, maquinaria pesada y familias que permanecían a la espera de noticias de sus seres queridos, comenzó una misión que puso a prueba los 37 años que lleva como voluntario de la Defensa Civil Colombiana.
La misión lo llevó hasta ese país junto a Davison Corredor Cabrera, oriundo del municipio de La Plata. Ambos hacen parte del Comité Delta de la Defensa Civil Colombiana, seccional Huila, y fueron seleccionados por las empresas Maurel & Prom Venezuela y Maurel & Prom Colombia gracias a su formación y experiencia en búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, trabajo seguro en alturas, atención prehospitalaria y Sistema Comando de Incidentes.
Los dos rescatistas huilenses llegaron para apoyar las labores de búsqueda tras los terremotos que afectaron a Venezuela y dejaron un panorama de destrucción, con edificaciones reducidas a escombros y personas atrapadas bajo las estructuras colapsadas.
En medio de ese escenario, cada intervención debía realizarse siguiendo estrictos protocolos. Antes de iniciar cualquier maniobra era necesario evaluar las condiciones de las edificaciones y definir la forma más segura de intervenir, tanto para proteger a las personas que permanecían atrapadas como a los equipos de rescate.
“La labor consiste en rescatar vidas a partir de un análisis técnico y estructurado en una metodología que se llama USAR. Cada proceso y cada paso que se da durante la búsqueda y el rescate de personas debe hacerse técnicamente”, explica Jaime Alonso.
Sin embargo, asegura que la parte más compleja de la misión no estaba relacionada con las estructuras colapsadas ni con las condiciones del terreno, sino con el dolor de quienes aguardaban una respuesta.
“Lo más difícil ha sido enfrentar a las familias con la dura realidad de perder un ser querido. Ese ser querido puede ser una mascota, un familiar o incluso un amigo”, relata.
Mientras los equipos trabajaban en las zonas afectadas, muchas personas permanecían cerca de los operativos con la esperanza de conocer el paradero de sus familiares. En ocasiones, la desesperación las llevaba a intentar ingresar a las áreas de búsqueda, una situación que obligaba a los rescatistas a redoblar los controles para evitar nuevos riesgos.
“La gente quiere ingresar al área operacional simplemente porque tiene ganas y no tiene la conciencia o la sensibilidad de que puede ampliar el problema. Eso hace que las cosas sean un poco más difíciles para nuestro trabajo”, afirma.
Después de 37 años como voluntario de la Defensa Civil Colombiana, Jaime Alonso reconoce que cada emergencia representa un reto diferente. La experiencia y la preparación permiten tomar decisiones en momentos críticos, pero sostiene que hay situaciones que trascienden cualquier entrenamiento, especialmente cuando detrás de cada operativo hay familias que esperan una noticia en medio de la incertidumbre.
