Hace unos días, una conversación entre mis hijos me dejó pensando. Mi hijo mayor le dijo al menor, que apenas tiene cinco años: “Vamos a farmear”. La frase me causó curiosidad. Le pregunté qué significaba y me dio una explicación que sonaba lógica, pero confieso que quedé con la duda. ¿Qué estaban “farmeando” dos niños? ¿De dónde había salido esa palabra?
Al investigar un poco entendí que no se trataba simplemente de una expresión de moda. Detrás de ella hay una tendencia que se ha extendido rápidamente en redes sociales: “farmear aura”. Una frase que nació en el lenguaje de los videojuegos y que hoy aparece en TikTok, Instagram, memes, conversaciones entre amigos e incluso en encuentros presenciales.
La palabra farmear viene del inglés farm, que significa cultivar. En los videojuegos se utiliza para describir la acción de repetir una actividad para conseguir recursos, experiencia, habilidades o recompensas. Es decir, hacer algo varias veces para acumular y mejorar.
Con el paso del tiempo, esa idea se trasladó a las redes sociales. Allí apareció el concepto de “aura”, utilizado de manera informal para describir la seguridad, el carisma, el estilo o la presencia que transmite una persona. Así, “farmear aura” significa hacer algo que mejora la imagen que proyectamos frente a los demás.
Una respuesta rápida e ingeniosa, una reacción segura ante una situación inesperada, una buena entrada a un lugar o incluso una manera particular de vestirse pueden ser interpretadas como acciones que “dan aura”. Por el contrario, equivocarse de manera vergonzosa, intentar impresionar y fracasar o quedar mal frente a otros puede significar que se “pierde aura”.
Lo curioso es que todo funciona como si existiera un marcador invisible. Nadie realmente está sumando puntos, pero en el lenguaje de las redes se habla de tener más o menos aura como si fuera una competencia.
La expresión también ha salido de las pantallas. Han aparecido las llamadas “batallas de aura”, en las que dos personas se enfrentan, sin contacto físico, utilizando poses, movimientos, bailes y gestos para generar la mayor reacción posible entre quienes observan. Muchas de estas escenas se organizan y se difunden a través de las propias redes sociales.
Pero más allá de la moda, hay algo interesante desde el punto de vista psicológico. Las personas siempre hemos buscado reconocimiento, aceptación y una buena imagen frente a los demás. Lo nuevo es la manera de expresarlo. Las redes han convertido esa necesidad humana en un lenguaje sencillo, divertido y compartido.
Especialmente entre niños y jóvenes, estas expresiones también ayudan a construir identidad y pertenencia. Hablar de “aura”, “farmear” o utilizar otras palabras que quizá los adultos no entendemos inmediatamente es una forma de reconocerse entre ellos y sentirse parte de una misma comunidad.
Y quizá aquí está lo más importante: no todo lo que se vuelve viral es necesariamente superficial. Detrás de una palabra que parece una simple broma puede haber una fotografía de la época, de la manera en que una generación se comunica, busca aprobación y construye su identidad.
Las modas digitales pasan, las palabras cambian y seguramente mañana estaremos tratando de entender otra expresión que hoy todavía no conocemos. Pero vale la pena detenernos a observarlas, no solo para entender qué dicen los jóvenes, sino también para comprender qué nos están diciendo, a través de ellas, sobre la sociedad en la que vivimos.