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Abelardo y el gobierno de la doble moral

Por: Fredy Ernesto Tovar Montenegro

Hablar, dialogar o debatir sobre política es un arte que los colombianos venimos aprendiendo a fuerza de reconocer que, en tantos años de guerra fratricida, donde los que ponemos los muertos hemos sido los de abajo, debemos entender que las diferencias, la otredad, el pensar distinto, la postura alterna, el opositor político, no es mi enemigo y menos considerar que lo tengo que vencer, por el contrario, leerlo como mi complemento es el camino. Es con nuestro contradictor que debemos construir País. 

Dicho lo anterior, en esta columna se describen argumentos que sustentan una clara oposición al proyecto político que se consolida en el actual presidente.

Lo más evidente en la personalidad de ADLE, durante los días de gobierno, su recorrido como candidato y su historia de vida, es la descarada proclividad a la doble moral, a cambiar de postura, de verdad y de argumento, como cambia de ropa o de gustos de acuerdo a su beneficio. No genera ninguna confianza su palabra, pues la cambia según le convenga. Su nivel intelectual es demasiado liviano, en consecuencia nunca prende sus alarmas éticas.

De ateo irrefutable a cristiano; de aborrecer la comida colombiana a comer en la calle; de austero en campaña a derrochador en presidencia con sedes de gobierno por fuera de Bogotá, porque antes odiaba y no iba a Bogotá, ahora ama la capital; de criticar el “Helicotero” de la vice Francia por los costos, a usarlo para desplazarse dentro de la capital; de amigo de los periodistas en el pasado, hoy censurador y enemigo de los mismos; de soltero y beneficiario del SISBEN, a casado y con propiedades en Colombia; de gobernar con los nunca y resultaron ser los de siempre; de criticar el presupuesto de Petro por falta de austeridad, a presentar uno nuevo con más de 60 billones por encima del  anterior y llamarlo austero (el chiste hizo reír en el congreso al mismo ministro Gómez Martínez) … en fin, ustedes conocen de que hablamos.

Hasta el 7 de agosto pasado, esta condición de Abelardo era solo una característica de su personalidad, quizás estratégica pues como abogado le funcionó ya que terminó siendo más pillo que los bandidos que defendió; y es que no estamos hablando de clientes cualquiera, en su lista aparecen Salvatore Mancuso, Saab, DMG, entre otros, y a todos los torció.

Pero a partir de la fecha en mención, esta condición de su personalidad es la que está alumbrando los destinos de Colombia, y ahí la cosa cambia. Ya es una situación que atañe a todos los colombianos, aliados y opositores.

No en vano, algunos de los otrora “firmes por la patria” empiezan a cambiar su firmeza por cuestionamientos claros en temas que tocan la tranquilidad y especialmente el bolsillo de las mayorías, incluidos los felinos aliados y alienados.

El presupuesto que hoy nos quieren imponer, disque austero, a pesar de tener cifras exorbitantes comparadas con el presentado inicialmente, no solo implica un recaudo mayor, sino que el argumento utilizado por el gobierno, implica que para lograrlo, debemos bajarle impuestos a los empresarios “pues no aguantan más tributos” y las familias de a pie y asalariados, debemos sentirnos más patriotas asumiendo una nueva carga tributaria, por ejemplo ampliando los aportantes en el impuesto de renta.

De igual forma, el presidente tiene nombrados “por meritocracia” como lo afirmó en campaña, a su ex esposa, a familiares y a amigos socios, dentro del gabinete y en cargos de alto nivel. Entonces la meritocracia es ser amigo y familiar de Abelardo. La experiencia y la formación académica son cuentos del pasado.

La posesión presidencial, mandó al traste la institucionalidad que tanto defiende. Violó la tradición, atentó contra el presupuesto de austeridad y en una suerte de terquedad, cambio de pareceres, de Popayán a Cali, del congreso de la Republica a un Batallón, dejando la comitiva plantada; en fin, su pataleta fue de costos mayores.

Pero todo lo anterior es superable e incluso aceptable, a pesar de estar en absoluto desacuerdo; pero el paseo que se dio en medio de los 23 cadáveres de los milicianos asesinados en la operación Azarías, pertenecientes a las estructuras de “Iván Mordiscos” donde se encontraban los cuerpos de 2 menores de edad, se convierte en uno de los actos más reprochables y censurables, desde la perspectiva ética de cualquier gobernante.

La muerte en Colombia es una práctica recurrente, cotidiana, pues más de 70 años de conflicto irregular nos han transmutado la sensibilidad frente a la misma. Pero nunca en la historia de Colombia, un presidente se ufanaba ante los cadáveres, mostrándolos como símbolo o trofeo de guerra y de victoria. El cadáver está unido a una familia y en conjunto merecen un trato digno. Sin desconocer que el derecho a la vida esta constitucionalmente restringido, y es el Estado quien tiene el monopolio de las armas y en este caso particular, el deber de ejercer la limitante en el derecho a la vida.

¿Ahora los constantes gritos de “Viva Cristo rey” incluirán el mensaje de “vivan las muertes de los malos muertos”? … se estará revolcando Jesús en el cielo y a la diestra de Dios padre.