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Selección Colombia: una ilusión que terminó en deuda

Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez

Opinión

La Selección Colombia volvió a unirnos, sentándonos juntos y creyendo que todo era posible. Terminó primera de su grupo, por encima de Portugal. Luego, superó a Ghana en dieciseisavos sin sufrir y llegó a los octavos de final alimentando una ilusión que parecía crecer con cada minuto jugado.

Por eso la eliminación ante Suiza por penales duele. La Tricolor hizo una Copa del Mundo aceptable, pero quedó debiendo cuando debía demostrar para qué estaba realmente.

Contra Suiza vimos una de las versiones más pobres del equipo, en la que regresaron por momentos los fantasmas de las eliminatorias, mostrando poca claridad, circulación lenta y una dependencia excesiva de las individualidades, las mismas que en ese partido no brillaron.

La Selección tuvo oportunidades, pero nunca encontró anotar, lo cual confirmó una preocupación que se vivió en todo el torneo, y es que los tres delanteros centro convocados se marcharon sin saborear las mieles del gol. En una Copa del Mundo, donde las ocasiones son escasas, esa falta de definición termina pasando factura.

Es evidente que el director técnico, Néstor Lorenzo, se casó con varios nombres que conservaron la titularidad sin ofrecer el rendimiento exigido en una Copa del Mundo, mientras otras alternativas esperaron demasiado. Algunos no sumaron ni un solo minuto. También considero que dejar por fuera a atacantes como Sebastián Villa, Hugo Rodallega o incluso Dayro Moreno redujo las opciones ofensivas.

Tal vez ninguno garantizaba la clasificación, porque en el fútbol nada se garantiza, pero sí podían aportar experiencia, remate y lo más importante, gol en un plantel que terminó necesitando exactamente eso. Nuestro máximo goleador fue un lateral (de los mejores del mundo en la actualidad) Daniel Muñoz, lo que deja en evidencia la falta de un delantero capaz de aprovechar las oportunidades creadas.

Tampoco compartí algunos cambios frente a los suizos. Yo no habría sacado a Jhon Arias, quien, para mí, fue el mejor colombiano del Mundial por su entrega, movilidad y capacidad para conectar al equipo. Pero yo no soy Lorenzo. Destaco igualmente a Dávinson Sánchez, pese al penal fallado, y los buenos momentos de Jhon Lucumí y Gustavo Puerta.

James Rodríguez, aún lejos de su plenitud, volvió a mostrar destellos de su calidad y cargó al equipo mientras le alcanzó el tanque. Sin embargo, su caso también dejó entrever que Colombia necesita preparar desde ahora un relevo capaz de asumir el mando del mediocampo. Luis Díaz, siempre batallador e incansable, pero muy lejos de su nivel en clubes, hizo lo que pudo.

Comparto el llamado de Falcao García, al mencionar que el problema no comienza ni termina en un penal, ya que se encuentra en la formación, la competencia interna, las divisiones menores, la ausencia de la categoría C y la estructura del fútbol colombiano.

Por lo tanto, si en algún momento queremos ganar un título, debemos construir procesos que produzcan jugadores preparados para decidir partidos importantes. De lo contrario, seguirá cobrando sentido aquella frase atribuida al “Flaco” Menotti: “si querés ganarle a los colombianos, deciles que son favoritos”.

Para finalizar, rechazo tajantemente las amenazas contra el jugador Jaminton Campaz y su familia. Se puede criticar una jugada, una convocatoria o una decisión técnica; pero lo que jamás puede aceptarse es poner una vida en peligro. No podemos repetir aquella triste historia de Andrés Escobar [Q.E.P.D].

Colombia volvió a ilusionarnos, sí, pero esta eliminación debe servir para algo más que lamentarnos. El verdadero balance comenzará cuando el fútbol colombiano aprenda de sus errores, renueve sus estructuras, a sus dirigentes y entienda que competir con dignidad ya no basta, también hay que aprender a ganar.

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