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La patria revancha

Por: Andrés Calderón

Opinión

El proceso de empalme entre el gobierno saliente y el gobierno entrante se ha vuelto un circo sin precedente alguno; ni siquiera la transición hacia la izquierda de Duque a Petro chocó de esa forma. Por un lado, tenemos un presidente saliente que, en la retórica, no ha querido reconocer el triunfo de la oposición, pero que en la práctica ha dispuesto de lo necesario para el empalme y hasta ofreció televisarlo. Por otro lado, tenemos un presidente electo empecinado en acusar al gobierno saliente de corrupto, eso sí, hasta ahora sin ninguna prueba, como lo fue durante toda la campaña electoral, pero con la clara convicción de que es posible llevar esos supuestos hasta las últimas consecuencias, y eso es ni más ni menos que ver preso a Petro aquí o, preferiblemente, en los Estados Unidos. Abelardo ha querido convertir el proceso de empalme en una acción de juzgamiento y enjuiciamiento, cosas que no tienen que ver con el empalme y no le competen.

Como dice el dicho, por el desayuno se sabe que va a ser el almuerzo, y estas primeras acciones del gobierno recién electo nos presentan un panorama poco alentador. Parece ser que vamos a tener una patria revancha y no milagro. Al día de hoy, nos asalta la incertidumbre por no encontrar claridad entre las propuestas a desarrollar. Tenemos un presidente que, las pocas veces que sale, lo hace para decir imprecisiones que después debe corregir su vice, Restrepo, quien, entre otras cosas, parece ser el presidente. Luego, su gabinete, o lo que va de él, empieza a caracterizarse por tener una fuerte presencia del conservatismo puro y rancio de este país, así como de politiqueros y hasta corruptos, todos esos que tras bambalinas impulsaron la campaña, los que Abelardo negó como Pedro a Cristo, pero que hoy salen de primeros sin ninguna vergüenza.

El gobierno entrante, un uribismo repotencializado y más conservador, ha mostrado tener como punta de lanza de su estrategia la judicialización de Petro, el desprestigio de su gobierno y todo lo que huela a él. Pareciera ser que su misión no es sacar a este país adelante, sino recuperar el poder hegemónico de rojos y azules que hoy tiene muchos nombres pero mantienen los mismos propósitos: mantener inalterables los órdenes del poder, de las familias de siempre (Gómez, Lara, Cancino, Char) y los que hoy son herramientas de estos (Noguera, Gutiérrez, Morales). Así va hasta ahora el gabinete, algunos con muy altos estudios y experiencia y otros cuyo único mérito es ser hermana del alcalde de Medellín, además sin conocimientos del sector. Eso sí, todos alineados repitiendo como loro mojado que este país está fracasado y es culpa de Petro, como si no existiera el ayer y los 200 años que le antecedieron hubieran sido una maravilla.

Todos sabemos cómo ganó Abelardo, y los que no, ya lo irán sabiendo, más temprano que tarde. Abelardo hizo uso de la desinformación en contra del actual gobierno y de los viejos clichés de siempre que hacen referencia al fantasma del comunismo y de Venezuela, pero también explotaron las debilidades del gobierno, y eso sí con mucha verdad, por ejemplo, en el tema de seguridad y el gran lunar que fueron los “gestores de paz” que no sirvieron para nada. Así fue como el hombre therian ganó, con mucho garrote y cero propuestas, pero ganó, gústenos o no a los sectores progresistas, y hay que aceptarlo si se es un verdadero demócrata. Lo que en adelante sigue es hacer una oposición inteligente y responsable, seguir firmes en el propósito de las transformaciones sociales, que las verdades del nuevo gobierno saldrán solas a la luz, y las que no, serán objeto del debate político.

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