Por: Jorge García Quiroga
Opinión
Hay momentos en la vida de un país en los que las diferencias pasan a un segundo plano y aflora aquello que realmente nos une. Eso hemos visto en estos días: mientras miles de familias enfrentan el dolor y la incertidumbre tras una tragedia que ha golpeado a varias regiones, desde distintos rincones de Colombia han surgido manos dispuestas a ayudar.
La solidaridad se ha expresado de muchas maneras: donando alimentos, agua y artículos básicos; poniendo recursos al servicio de las emergencias, o dedicando horas a recibir, clasificar y organizar las ayudas. Cada aporte puede parecer pequeño, pero cuando miles hacen lo mismo, esos gestos se convierten en una fuerza capaz de transmitir un mensaje: quienes están sufriendo no están solos.
Colombia ha respondido. En medio de tantas divisiones, esta tragedia nos ha mostrado otra cara del país. Frente al dolor de una familia no importan las diferencias políticas, regionales o personales. Cuando una comunidad enfrenta una emergencia, surge un sentimiento mucho más sencillo y humano: la voluntad de ayudar.
En esa Colombia solidaria, el Huila también dijo presente. Desde distintos municipios, ciudadanos, organizaciones, empresas y comunidades se unieron para recolectar y preparar ayudas para las familias afectadas. Decenas de toneladas fueron entregadas a la Gobernación del Huila para su distribución. El primer envío, de cinco toneladas, ya partió hacia el Chocó, uno de los territorios afectados que hoy necesita el apoyo de todos.
Cientos de personas estuvieron allí cargando cajas, organizando alimentos, clasificando productos, preparando los envíos y entregando parte de su tiempo. Muchos llegaron porque entendieron que había algo que podían hacer. Ese es el verdadero significado de la solidaridad huilense: ayudar sin esperar nada a cambio y estar presentes ante el sufrimiento de otros colombianos.
El Huila conoce el valor de recibir una mano cuando llegan las dificultades. Nuestro departamento también ha vivido momentos de emergencia en los que la solidaridad de otros colombianos fue fundamental para levantarnos. Por eso existe una sensibilidad especial frente al sufrimiento de otras regiones. Hoy somos nosotros quienes podemos ayudar, como otros lo hicieron por nosotros. Esa cadena de solidaridad expresa lo que significa pertenecer a un mismo país.
Ojalá, cuando todo esto pase, Colombia conserve esta imagen: la de un país que, a pesar de sus diferencias, todavía sabe unirse cuando una comunidad necesita ayuda. Y ojalá el Huila pueda mirar atrás con la tranquilidad de saber que, ante una tragedia que tocó a distintas regiones del país, sus ciudadanos decidieron no ser indiferentes.
Después de una tragedia no solo quedan las pérdidas. También permanecen las historias de quienes estuvieron allí, las manos que se extendieron y los pequeños gestos capaces de devolver esperanza. Desde el Huila, esa solidaridad no se quedó en palabras: se convirtió en tiempo, esfuerzo, alimentos y acompañamiento ciudadano. Mientras las comunidades afectadas emprenden el camino de reconstruir lo perdido, queda la satisfacción de haber estado presentes.
Porque también así se construye un país: acompañando al que sufre, compartiendo lo que tenemos y demostrando que, incluso en medio de nuestras diferencias, todavía sabemos cuidarnos entre colombianos.
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