Por: Carlos Ernesto Álvarez Ospina
Neiva tiene hoy una oportunidad que no podemos dejar pasar, porque mientras discutimos la obra de turno, el parque de turno o la vía que necesita intervención, nuestra ciudad está entrando en una etapa que puede definir su futuro durante las próximas décadas. En 2026 Neiva tiene una población proyectada de 366.305 habitantes y, de acuerdo con las proyecciones municipales, podríamos superar los 407.000 habitantes en 2036, es decir, en apenas diez años podríamos tener más de 40.000 personas adicionales viviendo, trabajando, estudiando y demandando vivienda, transporte, servicios públicos, seguridad, espacios deportivos y oportunidades de empleo. A esto se suma que el municipio tiene para esta vigencia un presupuesto general aprobado para financiar su funcionamiento e inversión, mientras adelanta uno de los procesos de planeación más importantes de los últimos años: la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial, un instrumento que lleva 15 años sin actualizarse, pues el POT vigente corresponde al Acuerdo 026 de 2009. Por eso creo que la discusión no puede reducirse a qué obras vamos a hacer en los próximos meses, sino que tenemos que hacernos una pregunta mucho más importante: ¿qué tipo de Neiva queremos construir para los próximos 20 años?
Las cifras también nos muestran que la ciudad tiene enormes oportunidades, pero que todavía existen problemas que no podemos ignorar. En el primer trimestre de 2026 Neiva registró una tasa de desempleo del 8,3 %, de acuerdo con cifras del DANE recopiladas por la Administración Municipal, mientras que el mercado laboral continúa enfrentando el desafío de la informalidad, que en la medición anual más reciente se ubicó por encima del 50 %. Esto significa que hablar de ciudad no puede ser únicamente hablar de cemento, porque una ciudad también se construye generando empleo formal, atrayendo inversión, fortaleciendo empresas y creando condiciones para que nuestros jóvenes puedan desarrollar sus proyectos sin tener que buscar oportunidades en Bogotá, Medellín, Cali u otras ciudades. Y aquí aparece una de nuestras mayores oportunidades: el turismo. Neiva tiene una posición estratégica para convertirse en puerta de entrada al Huila, pero todavía tenemos una enorme tarea por delante, porque el boletín estadístico del sector turístico muestra que la ocupación hotelera de la ciudad suele ubicarse entre el 40 % y el 50 %, mientras existen alrededor de 2.617 habitaciones y 4.350 camas disponibles. Es decir, tenemos capacidad instalada, tenemos empresarios, tenemos gastronomía, cultura, naturaleza y una ubicación privilegiada, pero necesitamos una estrategia que consiga que esa capacidad sea utilizada durante todo el año y que cada visitante represente consumo, empleo y oportunidades para los neivanos.
Y aquí es donde el POT adquiere una importancia que muchas veces no alcanzamos a dimensionar. El nuevo ordenamiento no debería ser visto como un documento lleno de mapas y normas que solamente entienden los arquitectos o los funcionarios de Planeación, porque en realidad allí se está decidiendo buena parte de la Neiva que vamos a tener en 2036. Se está hablando de expansión urbana, movilidad, vivienda, servicios públicos, infraestructura vial, espacio público, equipamientos, usos del suelo, protección ambiental y gestión del riesgo, asuntos que ya están siendo discutidos directamente con comunidades de sectores como Fortalecillas y diferentes comunas de la ciudad. Y si sabemos que podemos pasar de 366.000 habitantes hoy a más de 407.000 en diez años, la pregunta inevitable es: ¿estamos planeando una ciudad para esa población o simplemente estamos intentando resolver los problemas que ya tenemos? Porque si seguimos creciendo sin una visión clara, vamos a terminar construyendo más viviendas sin garantizar movilidad, más barrios sin suficientes espacios públicos, más zonas comerciales sin solucionar sus accesos y una ciudad cada vez más extensa, pero no necesariamente una ciudad mejor. Pensar en ciudad significa anticiparnos a los problemas y no esperar a que aparezcan para comenzar a resolverlos.
Neiva necesita entonces una visión que vaya mucho más allá de un período de gobierno, una hoja de ruta que sobreviva a los alcaldes, a los concejales y a las elecciones, porque el río Magdalena no cambia cada cuatro años, nuestro potencial turístico tampoco, nuestra ubicación geográfica tampoco y las necesidades de los próximos 400.000 habitantes tampoco van a desaparecer con un cambio de administración. Tenemos que decidir qué papel queremos que tenga el río dentro de la ciudad, cómo queremos conectar el aeropuerto con nuestra estrategia económica, hacia dónde debe crecer Neiva, cómo recuperamos y aprovechamos el espacio público, dónde estarán nuestras nuevas centralidades, cómo fortalecemos el deporte, la cultura y la gastronomía, cómo hacemos de Neiva una ciudad turística durante los 365 días del año y, sobre todo, cómo hacemos para que el crecimiento económico se traduzca en oportunidades reales para nuestra gente. Porque una ciudad no se construye únicamente con cemento, se construye con visión. Y dentro de veinte años nadie va a preguntarnos cuántas obras inauguramos, cuántas placas instalamos o cuántas vías pavimentamos; nos van a preguntar qué ciudad fuimos capaces de construir. El verdadero gran proyecto de Neiva no debería ser inaugurar una obra más, debería ser construir, de una vez por todas, una visión de ciudad.
