Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez
Esta semana, el Huila es protagonista de una gran historia y la está contando con lo que mejor sabe hacer. En Neiva, el aroma del café, el sabor del cacao y las historias de nuestro campo se encuentran en FICCA 2026 con cientos de productores, empresarios, compradores, expertos y visitantes.
Yo celebro esta feria porque veo en ella mucho más que cuatro días de programación. Estos espacios son importantes para proyectar ante el mundo a un departamento que ha decidido mostrar su talento, abrir mercados, fortalecer su identidad y decirles a todos, con orgullo, que aquí tenemos mucho por ofrecer.
Del 1 al 4 de octubre, Neiva es sede de la sexta Feria Internacional de Café, Cacao y Agroturismo (FICCA). La apuesta es grande porque se esperan más de 30.000 visitantes, productores frente a compradores, conocimiento, cultura y una ciudad convertida durante cuatro días en vitrina del Huila. Y vaya que ha empezado bien. Desde su apertura, he visto una importante respuesta de la ciudadanía.
El Huila no llega a esta feria a improvisar. Recordemos que, según cifras divulgadas por la Gobernación con base en información de la Federación Nacional de Cafeteros, en 2025 el Huila produjo más de 2,5 millones de sacos de café de 60 kilos, equivalentes al 19,65 % de la cosecha nacional, con lo cual se ratificó como el principal productor cafetero del país. En cacao, la Evaluación Agropecuaria departamental de 2024 registró 4.772,7 toneladas y cerca de 3.500 familias productoras. Detrás de esos números hay madrugadas, incertidumbre climática y hogares que dependen de que el campo sí pague.
Por eso reconozco el esfuerzo institucional que hay detrás. La Gobernación del Huila, encabezada por el gobernador Rodrigo Villalba Mosquera, lidera FICCA junto a sus aliados. La Secretaría de Agricultura y Minería aparece como una de las dependencias protagonistas de la organización; la Secretaría de Desarrollo Económico y Turismo participa con el pabellón de agroturismo, mientras la Secretaría de Cultura articuló la presencia de artesanos huilenses, entre otras. Una feria de esta dimensión demuestra lo que puede ocurrir cuando el campo, la empresa, el turismo y la cultura se encuentran alrededor de un mismo propósito.
Ahora bien, el verdadero éxito de FICCA se medirá después, cuando las luces se apaguen y sepamos cuántos negocios quedaron, cuántos productores encontraron compradores y cuántos visitantes decidieron regresar al Huila. Porque no basta llenar pabellones; hay que llenar pedidos y abrir nuevas oportunidades.
Ojalá FICCA no sea una excepción en el calendario. Quiero ver más escenarios de esta categoría en el Huila, donde haya encuentros capaces de conectar al campesino con el empresario, al emprendedor con nuevos mercados y al turista con nuestros territorios. Desde luego, cada evento de esta naturaleza mueve la economía, pero también fortalece nuestra confianza en lo que somos capaces de hacer.
Por eso mi invitación es a vivir FICCA, a recorrerla, preguntar, probar, comprar y conocer las historias detrás de cada producto. Que no seamos simples espectadores de una feria que ocurre en nuestra ciudad. Por el contrario, debemos ser los protagonistas de ella, porque cuando compramos lo nuestro, mostramos lo nuestro y creemos en lo nuestro, el Huila deja de pedir que lo miren y empieza a dar razones para que el mundo no pueda dejar de hacerlo.
