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La ruta es y seguirá siendo el turismo

Por: Carlos Ernesto Álvarez Ospina

Opinión

Cada día resulta más evidente que Colombia tiene en el turismo una de sus salidas económicas más claras y sostenibles. No es una intuición ni una idea romántica. Es una realidad demostrada en países que con menos riqueza natural lograron convertir el turismo en motor de crecimiento, generación de empleo y entrada de divisas. Lo verdaderamente preocupante es que el Gobierno Nacional colombiano sigue sin entenderlo o peor aún sigue sin asumirlo como una prioridad estratégica del Estado.

Mientras el discurso oficial habla de transformación económica y desarrollo regional, el turismo continúa relegado a un papel secundario. Se le menciona en planes y documentos, pero no se le respalda con decisiones reales ni con inversiones estructurales. En Colombia el turismo no fracasa por falta de atractivos. Fracasa por falta de visión política desde el nivel central.

La apuesta del Gobierno Nacional ha sido limitada y superficial. Se insiste en presentar la infraestructura vial como el gran aporte al turismo, como si una carretera por sí sola fuera capaz de consolidar destinos competitivos. Esa visión reducida demuestra un desconocimiento profundo de cómo funciona el turismo en el mundo actual. Las vías son necesarias, pero no suficientes. El turismo exige inversión integral en formación, bilingüismo, marketing territorial, promoción internacional, fortalecimiento de capacidades locales y protección efectiva de los activos naturales y culturales. Nada de esto ha sido asumido con seriedad desde el Gobierno Nacional.

Las consecuencias de esta falta de liderazgo se sienten con fuerza en las regiones. El Huila es un ejemplo claro y doloroso. Un departamento con un potencial turístico extraordinario que sigue esperando algo más que discursos. El caso del Desierto de la Tatacoa es la prueba más contundente del abandono institucional. Un territorio único en Colombia y reconocido internacionalmente por su valor natural y astronómico que perdió la certificación Starlight no por falta de voluntad local, sino por la ausencia de control, regulación y respaldo desde el nivel nacional.

La pérdida de esta certificación no es un asunto menor ni un simple reconocimiento simbólico. Significa perder prestigio internacional, competitividad turística, oportunidades de inversión y empleo para las comunidades que encontraron en el turismo una alternativa real de desarrollo. Significa decirle al mundo que Colombia no es capaz de sostener ni proteger aquello que promociona. Y aun así el Gobierno Nacional guardó silencio. No hubo una respuesta contundente, ni una autocrítica responsable, ni un plan serio para evitar este retroceso.

Resulta contradictorio que un país que necesita diversificar urgentemente su economía ignore una industria que puede generar ingresos sin destruir el territorio. El turismo bien gestionado permite crecimiento económico con sostenibilidad ambiental y fortalecimiento cultural. Pero esto exige Estado. Exige política pública. Exige dirección nacional. No se construye turismo dejando solas a las regiones ni trasladando la responsabilidad a gobernaciones y alcaldías sin recursos ni acompañamiento.

El Gobierno Nacional también ha fallado en comprender que el turismo se construye con personas. Sin inversión decidida en educación, capacitación técnica y formación en idiomas como el inglés, no existe turismo competitivo. No se puede hablar de atraer visitantes internacionales cuando el país no prepara a su gente para recibirlos. Esa omisión no es accidental. Es una decisión política que refleja cuáles son las verdaderas prioridades del poder central.

A esto se suma otro error estructural. El Estado no ha promovido una conciencia turística entre los propios colombianos. Se habla de atraer extranjeros mientras el país no incentiva a sus ciudadanos a conocer y valorar su propio territorio. Un país que no se recorre a sí mismo difícilmente puede venderse al mundo. La falta de una estrategia nacional que invite al colombiano a descubrir su país es otra muestra del abandono del sector.

El turismo no puede seguir siendo un tema marginal dentro de la agenda nacional. No puede seguir dependiendo del esfuerzo aislado de comunidades, emprendedores y autoridades locales que luchan contra la falta de apoyo del nivel central. Mientras el Gobierno Nacional no entienda que el turismo es una política de Estado y no un simple renglón económico, Colombia seguirá perdiendo oportunidades, reconocimiento internacional y desarrollo regional.

Hoy es necesario decirlo sin rodeos. Si Colombia quiere una salida económica real, sostenible y descentralizada, debe apostar de manera decidida por el turismo. Y esa apuesta no puede nacer únicamente desde las regiones. Debe surgir desde el Gobierno Nacional con recursos, estrategia y compromiso real. Todo lo demás seguirá siendo discurso vacío mientras el país pierde tiempo y futuro.

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