Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez
Opinión
Este domingo 8 de marzo, más de 41 millones de colombianos están habilitados para acudir a las urnas a elegir a los próximos Senadores y Representantes a la Cámara, y de paso, en tres consultas interpartidistas, se definirán los nombres que disputarán la Presidencia en el mes de mayo. Es literalmente el primer trazo del mapa político que gobernará a Colombia hasta 2030.
Sin embargo, la historia nos ha enseñado que las elecciones legislativas suelen despertar menos pasión que las presidenciales. Muchos las ven como un trámite menor, un ensayo general antes de la función principal. Grave error. El Congreso que elijamos este domingo será el que apruebe o hunda las reformas del próximo presidente, el que fiscalice o mire para otro lado, el que decida cómo se reparten los recursos de todos. Lo hemos presenciado estos años en el gobierno de Gustavo Petro, el cual, al no contar con mayorías parlamentarias, sus reformas de salud y laboral naufragaron en el Legislativo.
En el contexto colombiano, votar nunca ha sido un acto sencillo, dado que la violencia armada en este país sigue arañando la tranquilidad de comunidades enteras. Por ende, depositar una papeleta en la urna es, para muchos, un acto de valentía. En ese sentido, la Misión de Observación Electoral (MOE) identificó varios municipios del Huila con algún nivel de riesgo. Entre ellos, Neiva y La Plata figuran en riesgo alto, con estructuras criminales que siguen sembrando miedo donde debería florecer la participación.
Por su parte, la respuesta institucional en el departamento del Huila ha sido contundente, ya que se desplegaron más de 1.155 policías, 800 de ellos concentrados en la ciudad de Neiva, y 2.250 soldados de la Novena Brigada custodiarán el cien por ciento de los puestos de votación asignados. En la capital del Huila, fueron distribuidas cerca de 900 mesas en 54 puestos, para que los neivanos salgan en masa a votar.
A su vez, la Alcaldía de Neiva en cabeza del alcalde Germán Casagua decretó ley seca desde las seis de la tarde del sábado hasta el mediodía del lunes y toque de queda para menores de edad. De igual manera, la Secretaría de Movilidad coordinó con el gremio transportador para que nadie se quede sin cómo llegar a votar, garantizándoles a los neivanos una jornada electoral sin contratiempos.
Este 8 de marzo, Colombia elige qué país quiere ser y esa decisión no se toma desde el sofá, en pijama, quejándose del gobierno mientras se desliza el dedo por las redes sociales. Esa decisión se toma de pie, frente a la urna, con la cédula en la mano y la dignidad intacta. Por lo tanto, quien no vote, que no se queje. Quien prefiera el silencio cómodo de la abstención, que después no llore por los impuestos, no maldiga al congresista corrupto ni reclame por la inseguridad, porque quien no vota no elige, pero sí permite.
Este 8 de marzo, Colombia se mira al espejo y lo que veamos reflejado dependerá de cuántos decidamos pararnos frente a él. Yo ya sé lo que haré este domingo. ¿Y usted?
