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Neiva tiene turismo. Lo que le falta es ciudad

Por: Carlos Ernesto Álvarez Ospina

Neiva quiere ser una ciudad turística. Y razones no le faltan. Tenemos el río Magdalena, nuestra gastronomía, el folclor, la música, nuestras tradiciones, los monumentos, las historias y una ubicación privilegiada que nos conecta con algunos de los destinos turísticos más importantes del Huila. Tenemos, además, algo que muchas ciudades quisieran tener y que no se construye de la noche a la mañana: identidad. El Sanjuanero, Jorge Villamil, nuestras fiestas, el asado huilense, el bizcocho de achira, nuestros mitos y leyendas hacen parte de una cultura que tiene mucho por contar y mucho por mostrar.

También sería injusto desconocer los esfuerzos que se han venido haciendo. La ciudad ha buscado fortalecer su conectividad aérea con nuevas rutas, se han impulsado diferentes recorridos turísticos y recientemente se certificaron 20 atractivos bajo estándares de accesibilidad. Son pasos importantes porque demuestran que existe una intención de diversificar la oferta y de hacer de Neiva un destino más competitivo. Pero precisamente porque tenemos tanto potencial y porque se están dando algunos pasos en la dirección correcta, creo que debemos hacernos una pregunta mucho más exigente: ¿Neiva está realmente preparada para recibir al turista que tanto queremos atraer?

Porque una cosa es tener atractivos turísticos y otra muy distinta es construir una ciudad turística.

El turismo no empieza cuando una persona llega a un monumento. Empieza mucho antes, cuando decide venir a Neiva, cuando compra un tiquete, reserva un hotel y busca qué hacer durante su estadía. Continúa cuando aterriza, cuando sale del aeropuerto, cuando intenta movilizarse por la ciudad, cuando busca un restaurante, cuando quiere caminar, conocer nuestra historia, visitar un parque o encontrar un lugar agradable para pasar la tarde. Y termina cuando ese visitante se marcha y decide qué experiencia va a contar cuando regrese a su ciudad.

Ahí está uno de nuestros mayores retos. Durante muchos años hemos concentrado buena parte de nuestra identidad turística en junio, y nadie puede desconocer que el Festival del Bambuco en San Juan y San Pedro es uno de nuestros mayores patrimonios culturales. Pero una ciudad turística no puede funcionar solamente cuando llega el San Pedro. El verdadero reto es conseguir que alguien piense en Neiva también en febrero, en marzo, en agosto o en noviembre.

Que una familia pueda venir un fin de semana y encontrar una agenda para disfrutar. Que una pareja pueda recorrer la ciudad y descubrir lugares que valga la pena recordar. Que un visitante de negocios decida quedarse una noche más. Que quien llega buscando naturaleza encuentre experiencias bien organizadas. Que nuestra gastronomía sea mucho más que un plato servido en un restaurante y se convierta en parte de una experiencia. Que el río Magdalena deje de ser solamente un elemento de nuestro paisaje y se convierta realmente en uno de los grandes escenarios de la ciudad. Y para conseguirlo necesitamos mucho más que promoción.

Necesitamos espacio público en buenas condiciones, seguridad, limpieza, movilidad, iluminación, señalización, infraestructura, agenda cultural permanente y, sobre todo, una experiencia turística que esté a la altura de lo que estamos prometiendo. No basta con decir que somos la Capital del Río Magdalena si no somos capaces de convertir el río en uno de los principales puntos de encuentro de propios y visitantes. No basta con tener monumentos si el visitante no conoce su historia. No basta con tener una gastronomía extraordinaria si no somos capaces de construir experiencias alrededor de ella. No basta con promocionar nuestras rutas rurales si el acceso, la señalización y los servicios que las acompañan no corresponden a lo que estamos ofreciendo. Y tampoco basta con traer más vuelos si el turista llega a una ciudad que todavía tiene dificultades para ofrecerle una experiencia completa.

Hay una frase que debería estar en el centro de cualquier política turística de Neiva: el turista no compra un monumento, compra una experiencia.

Por eso resulta interesante recordar que el propio Plan de Desarrollo Turístico de Neiva 2019-2029 ya advertía la necesidad de fortalecer y mejorar los atractivos propios de la ciudad antes de proyectarla como eje articulador del turismo regional. El diagnóstico no es nuevo. La pregunta es cuánto hemos avanzado realmente en esa dirección. Porque Neiva sí tiene con qué hacer turismo. El problema no es la ausencia de atractivos. El problema es que todavía no hemos logrado convertir todo ese potencial en una experiencia turística permanente y, mucho menos, en una verdadera economía alrededor del turismo.

Y ahí hay una oportunidad enorme para la ciudad. El turismo puede generar empleo, fortalecer pequeños negocios, impulsar restaurantes y hoteles, beneficiar a operadores turísticos, artesanos, guías, transportadores, gestores culturales y cientos de emprendedores que necesitan nuevas oportunidades económicas. Pero para que eso ocurra necesitamos dejar de entender el turismo solamente como una vitrina para mostrar a Neiva y empezar a entenderlo como una política de desarrollo económico.

También necesitamos entender que esta tarea no corresponde únicamente a la Alcaldía. El sector privado, los gremios, los operadores turísticos, los comerciantes, los gestores culturales y los ciudadanos tenemos responsabilidades. Una ciudad turística también se construye desde la cultura ciudadana. El visitante observa cómo tratamos nuestros espacios públicos, cómo conducimos, cómo atendemos a las personas, cómo hablamos de nuestra ciudad y qué tan orgullosos estamos de lo que tenemos.

La hospitalidad no puede aparecer únicamente durante el Festival. Tiene que convertirse en una característica permanente de Neiva. Por eso creo que debemos cambiar la pregunta. En lugar de preguntarnos solamente cómo atraer turistas, deberíamos preguntarnos por qué deberían quedarse. La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la estrategia. Atraer turistas requiere promoción. Conseguir que se queden requiere ciudad. Y lograr que regresen requiere una experiencia que quieran repetir.

Neiva ya tiene mucho que mostrar. Tenemos cultura, tenemos historia, tenemos gastronomía, tenemos naturaleza, tenemos el río y tenemos una posición privilegiada para convertirnos en una verdadera puerta de entrada al turismo del Huila. Lo que necesitamos ahora es construir la ciudad que esté a la altura de todo eso. Porque nuestro problema nunca ha sido la falta de atractivos.

Nuestro verdadero desafío es convertirlos en una experiencia y convertir esa experiencia en desarrollo para los neivanos.

Neiva tiene turismo. Ahora nos falta construir la ciudad que haga que los turistas quieran volver.

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