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Weymar Muñoz: cuando el liderazgo se ejerce con humanidad

Por: Jorge García Quiroga

Opinión

La partida de Weymar Fernando Muñoz Muñoz deja un silencio profundo en el ajedrez colombiano y en muchos espacios donde el compromiso, la palabra y el trabajo bien hecho todavía importan. No se va solo un dirigente; se va un ser humano que entendió el liderazgo como una forma de servicio.

Nacido en San Agustín, Huila, Weymar nunca renegó de su origen. Por el contrario, lo convirtió en su mayor fortaleza. Desde el sur del país demostró que se puede pensar en grande, construir con seriedad y generar impacto nacional sin perder la sencillez ni el trato cercano.

Como presidente de la Federación Colombiana de Ajedrez, impulsó una etapa de crecimiento visible. Hoy el ajedrez cuenta con 29 ligas afiliadas, miles de niños y jóvenes en proceso de formación y una participación sólida en los Juegos Nacionales. Sin embargo, para él los resultados no se medían solo en medallas o cifras, sino en oportunidades creadas y vidas tocadas.

Weymar defendía una idea clara: el ajedrez no es solo un juego. Es una herramienta para aprender a pensar, a concentrarse, a respetar reglas y a tomar decisiones con calma. Creía que introducir el ajedrez desde edades tempranas ayudaba a los niños a desarrollar disciplina mental y equilibrio emocional, especialmente en una época marcada por el exceso de pantallas y distracciones.

También fue un hombre atento a los cambios. Durante la pandemia entendió que los medios digitales podían ser aliados y no enemigos, y desde allí ayudó a mantener vivo el ajedrez, acercándolo a más personas y fortaleciendo su visibilidad. Soñaba con una Colombia líder en el ajedrez latinoamericano y trabajando con paso firme hacia el escenario internacional.

Pero su vocación de servicio no se limitó al deporte. Fue fundador y director de Visión Salud, una entidad sin ánimo de lucro que nació en el municipio de La Plata, Huila, en 2006. Desde allí lideró proyectos sociales, educativos e institucionales en todo el país, siempre con un mismo principio: el desarrollo solo tiene sentido cuando mejora la vida de la gente.

Quienes lo conocieron saben que fue un hombre generoso, coherente y cercano. De esos líderes que escuchan más de lo que hablan, que cumplen su palabra y que construyen relaciones basadas en el respeto. Un amigo leal, presente en los momentos difíciles y discreto en los logros.

Su ausencia duele, pero su legado permanece. Permanece en cada niño que aprendió a pensar antes de actuar, en cada proyecto social que ayudó a crecer y en cada persona que encontró en él una guía sincera.

A su esposa, a sus hijas, a sus hermanos y a toda su familia, un abrazo solidario.

Descansa en paz, Weymar. Tu ejemplo sigue marcando el camino.

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