Medio Ambiente
En el Páramo de Las Oseras, declarado Parque Natural Regional y ubicado en la cordillera Oriental en jurisdicción del municipio de Colombia, norte del Huila, una enfermedad avanza sobre los frailejones y ya compromete cerca del 80 %. El deterioro se reconoce en el cambio de tonalidad hacia colores oscuros y en el aspecto carcomido del cogollo, la parte central desde donde la planta crece y se regenera. En contraste, los ejemplares sanos conservan su color blanco grisáceo y la textura lanosa que caracteriza a esta especie del ecosistema de alta montaña.
Habitantes y conocedores del territorio relacionan la afectación con la presencia de una polilla que deposita sus huevos en el corazón del frailejón. Al nacer, las larvas consumen la planta desde el interior y aceleran su pudrición sin que el daño sea evidente en las primeras etapas. Cuando los síntomas se hacen visibles, la estructura ya está comprometida y la planta pierde su capacidad de sostenerse y de cumplir su función dentro del equilibrio del páramo.
El Páramo de Las Oseras no es un territorio aislado. Marca el punto de encuentro natural entre Huila, Meta y Tolima y hace parte del complejo Cruz Verde Sumapaz, un corredor ecológico que conecta hacia Cundinamarca y el eje Sumapaz Picachos. Esta condición lo convierte en un puente biológico clave para la movilidad de especies y para la continuidad de procesos ecológicos de alta montaña. También es hábitat de fauna representativa como la danta de páramo y de una cobertura vegetal que sostiene la estabilidad del suelo.
De este territorio nacen los ríos Ambicá, Blanco y Cabrera que abastecen acueductos rurales, cultivos y comunidades. La presencia de frailejones es determinante en esa dinámica porque estas plantas capturan, almacenan y liberan agua de manera gradual. La reducción progresiva de su población no solo transforma el paisaje sino que puede alterar el comportamiento hídrico que durante años ha garantizado el suministro para la región.
La situación fue reportada hace tres años a la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena mediante un informe de campo. Según quienes recorren la zona, desde entonces no se ha mantenido un seguimiento científico continuo ni estudios de laboratorio que permitan establecer con precisión el alcance del vector y alternativas de manejo. La ausencia de monitoreo técnico ha impedido conocer si la propagación mantiene el mismo ritmo o si ya se extiende a nuevas áreas del páramo.
Hace una década el retiro del ganado permitió que el suelo comenzara a recuperarse tras años de presión por actividades humanas y conflictos en la región. Ese proceso redujo la erosión y permitió la regeneración natural de la vegetación. Hoy, con un suelo más firme y señales visibles de recuperación, la principal amenaza no proviene del pisoteo ni de la degradación física sino de esta plaga que avanza sobre la vegetación desde el interior de las plantas.
Habitantes y líderes locales insisten en la necesidad de presencia permanente de biólogos, ingenieros y laboratorios universitarios o institucionales en el área. Advierten que, sin intervención técnica, el impacto sobre los frailejones puede traducirse en cambios progresivos en la disponibilidad de agua y en la transformación de este corredor natural entre departamentos.
