Por: Alex Mauricio González
Opinión
La política no se mueve únicamente por afinidades ideológicas; también se define por la capacidad de construir mayorías reales. Y hoy, en el escenario presidencial colombiano, el llamado “voto útil” empieza a convertirse en una necesidad estratégica para quienes no quieren que el país termine nuevamente bajo un proyecto político cercano al continuismo del petrismo.
La discusión ya no puede limitarse a quién genera más ruido en redes sociales o quién protagoniza más titulares. La verdadera pregunta es: ¿quién tiene realmente posibilidades de derrotar a Iván Cepeda en una eventual segunda vuelta?
Ahí es donde aparece el debate alrededor de Abelardo de la Espriella. Su irrupción mediática ha sido rápida, intensa y altamente visible en plataformas digitales. Sin embargo, más allá del impacto comunicacional, existe una inquietud legítima dentro de amplios sectores políticos: ¿estamos frente a un fenómeno electoral auténtico o ante una candidatura artificialmente inflada por dinámicas digitales que terminan favoreciendo a la izquierda?
No sería la primera vez que sectores políticos impulsan, directa o indirectamente, al rival más conveniente. En política, el adversario ideal no siempre es el más fuerte, sino el más fácil de derrotar. Y varios analistas comienzan a advertir que la sobreexposición de Abelardo podría estar sirviendo para fragmentar el voto de centro-derecha y debilitar una candidatura con mayores opciones de crecimiento nacional.
El riesgo es evidente. Si la oposición llega dividida a primera vuelta, el resultado podría ser una segunda vuelta con un candidato fuerte de izquierda enfrentando a una figura que, aunque mediáticamente llamativa, todavía no demuestra estructura territorial, consolidación política ni capacidad de convocatoria amplia.
En ese escenario, quien terminaría perdiendo no sería únicamente Abelardo de la Espriella. Perdería toda una ciudadanía que busca alternancia, seguridad, estabilidad económica y un rumbo distinto para Colombia.
Por eso el nombre de Paloma Valencia empieza a tomar fuerza dentro del debate estratégico. Más allá de simpatías personales, Paloma representa hoy una figura con experiencia legislativa, coherencia ideológica, reconocimiento nacional y capacidad para unir sectores conservadores, independientes y de derecha democrática.
La senadora ha demostrado preparación, firmeza y consistencia en la oposición. Y precisamente por eso, muchos consideran que podría convertirse en la candidatura más competitiva frente a Iván Cepeda en un eventual balotaje.
El país debe evitar caer en la trampa de las percepciones fabricadas digitalmente. Las bodegas pueden posicionar tendencias, viralizar discursos y crear espejismos de popularidad, pero las elecciones reales se ganan con estructura, credibilidad y capacidad de sumar mayorías.
La política seria exige entender el momento histórico. Y hoy, más que nunca, el voto útil podría marcar la diferencia entre una oposición competitiva o una derrota anunciada
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