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Planear o reaccionar

Por: Edwin Renier Valencia Rodríguez

Opinión

La lección de China para economías emergentes.
Mientras gran parte del mundo discute en ciclos políticos cortos y decisiones de coyuntura, China vuelve a enviar un mensaje claro al sistema económico global: el desarrollo no se improvisa.

Su nuevo plan quinquenal (2026–2030) traza una hoja de ruta ambiciosa: fortalecer la autosuficiencia tecnológica, aumentar la inversión en investigación y desarrollo por encima del 7% anual y llevar las industrias digitales a representar el 12,5% de su PIB. Pero lo más interesante no es solo el contenido del plan, sino la lógica que lo sustenta.

China está apostando simultáneamente por dos cosas que muchos países aún ven como contradictorias: cerrar brechas internas y competir globalmente. Mientras reduce su dependencia en sectores estratégicos, expande su presencia en los mercados internacionales. De hecho, a pesar de una caída del 20% en sus exportaciones hacia Estados Unidos, sus exportaciones totales crecieron 5,5% en 2025, alcanzando un superávit comercial récord.

La señal es contundente: el mundo no se está desacelerando, se está reconfigurando.

Y aquí es donde surge una pregunta incómoda para países emergentes como Colombia:
¿estamos pensando estratégicamente o simplemente reaccionando?

Durante décadas, los planes de desarrollo han sido vistos como documentos extensos, muchas veces desconectados de la realidad cambiante. Hoy, en un entorno marcado por disrupciones tecnológicas, tensiones geopolíticas y transformaciones económicas aceleradas, la planificación tradicional enfrenta un desafío evidente: la velocidad del cambio supera la rigidez de los planes.

Pero eso no significa que debamos dejar de planear. Significa que debemos planear distinto.

El caso chino demuestra que la visión de largo plazo sigue siendo relevante, pero debe estar acompañada de ejecución dinámica y capacidad de adaptación. No se trata de hacer planes a 20 años que nunca se cumplen, sino de construir ciclos estratégicos claros de cinco años o menos que permitan ajustar el rumbo constantemente.

En la nueva era económica, los países que avanzan no son necesariamente los que más recursos tienen, sino los que mejor se adaptan. Para economías emergentes, esto implica tres cambios urgentes:

Primero, dejar de depender de modelos extractivos o de bajo valor agregado y apostar decididamente por la productividad y la tecnología.

Segundo, entender que la inversión en conocimiento no es un gasto, sino la base de la competitividad futura.

Y tercero, fortalecer el aparato productivo local como condición indispensable para participar en la economía global.

Porque en un mundo donde las grandes potencias están redefiniendo las reglas, quedarse quieto no es una opción. La lección no es copiar a China. Es entender que el desarrollo requiere dirección, disciplina y capacidad de reinventarse.

Tal vez el verdadero error no es planear a largo plazo…sino no saber adaptarse en el corto.

En tiempos de cambio acelerado, la ventaja no la tiene quien predice el futuro, sino quien es capaz de ajustarse más rápido a él. ¿Qué opinas? #uncaféconvalencia

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