Por: Olga Cecilia Vega
Opinión
Colombia, Ecuador, Peru, Chile, Argentina y Costa Rica, impulsan infraestructura penitenciaria bajo modelo CECOT
La llegada de Abelardo De la Espriella a la presidencia de Colombia, marca un punto de inflexión fundamental en el mapa geopolítico de América Latina. Su triunfo electoral y posterior investidura, consolidan de forma notable un bloque de gobiernos de marcada tendencia derechista, conservadora y libertaria en la región, para dar inicio al plan de gobierno global programado por Estados Unidos y alineado con agendas de seguridad hemisférica y libre mercado.
El planteamiento descrito refleja un giro drástico y autoritario en el paradigma de seguridad de la región, el cual se aleja de los modelos tradicionales de resolución negociada y de conflictos, para adoptar una postura de confrontación directa con mayor seguridad, capturas, extradiciones, reglamento judicial, privación de libertad y reclusion de prisioneros en “Megacarceles’.
La intersección entre las políticas de seguridad de mano dura, el control estatal y los Derechos Humanos, será uno de los debates más complejos y polarizantes de América Latina. Todo apunta a la captura y desarme de grupos criminales y narcoterroritas, desarticulación de cárteles de la droga, capturas de políticos vinculados con narcotrafico y confiscación de bienes.
El amplio control militar y de seguridad ciudadana se complementa con la construcción de “Megacarceles” de maxima seguridad y asi, ejercer mayor dominio obviando los programas de resocialización, pero, si aplicando un modelo de control total.
Su diseño arquitectónico esta basado en normas para el estricto y prolongado aislamiento y una drástica reducción del contacto con el exterior. Para ello, se realizará un único modelo y de compacto modular defensivo, con sistema de inhibición de señales que ayudarán a evitar la comunicación externa, equipos de Detección antidrones y Bloques blindados para garantizar el aislamiento y la incomunicación del prisionero y acabar con el poder delictivo desde adentro.
En el interior de la megácarcel se instalarán módulos de hormigón premoldeado con capacidad para albergar hasta 20.000 reclusos. Asi mismo, contará con puertas blindadas de apertura exclusivamente electrónica y remota.
Bajo este esquema de extrema contención, el sistema penitenciario implementa un protocolo de aislamiento riguroso que elimina por completo el uso de tecnologías de comunicación, áreas recreativas compartidas y cualquier vía de contacto interpersonal entre los internos, priorizando la neutralización absoluta de amenazas y el control estricto de la seguridad institucional.
La parte externa de estos centros de reclusión contará con una seguridad perimetral total y de nivel militar, con tres anillos de seguridad y vigilancia a través de torres de control.
Estos centros penitenciarios de maxima seguridad, excluye al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC de Colombia y otorga la administración y custodia exclusivamente a personal militar, policial y guardias penitenciarias especiales, planteando un cambio profundo en el modelo de seguridad carcelaria del país.
Las nuevas instalaciones no escatiman en infraestructura: disponen de helipuertos propios y centros médicos internos. Gracias a esto, toda asistencia sanitaria se brinda de forma estrictamente intramuros, anulando por completo la necesidad de traslados hacia hospitales externos.
Los accesos, la seguridad es implacable. Todo el personal, visitantes, objetos e ingreso de vehículos deben sortear rigurosos controles dotados de tres sistemas de escáneres diferentes. Una vez dentro, el aislamiento es absoluto: los internos tienen prohibido transitar entre módulos y, mucho menos, entablar cualquier tipo de contacto físico.
Así, las megácarceles redefinen el paradigma penitenciario frente a los penales tradicionales: erradican el hacinamiento, pero clausuran de raíz cualquier resquicio de privilegio para los reclusos.
En Medellín, Colombia, se construye la primera megacarcel del país, con un diseño inspirado en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador. La obra, impulsada por el alcalde Federico Gutiérrez y financiada con recursos propios de la ciudad y aportes de inversionistas particulares, cuenta con una inversión cercana a los 200 millones de dólares. Paralelamente, dentro de la política de seguridad nacional, el presidente Abelardo de la Espriella ha prometido la construcción de diez megácarceles adicionales de máxima seguridad en todo el país, destinadas a recluir a personas consideradas de alta peligrosidad.
