Por: Jorge García Quiroga
Este fin de semana, Pitalito y el sur del Huila vivieron algo que va mucho más allá de una competencia de ciclismo. La Ruta Harold Tejada demostró que el deporte tiene la capacidad de reunir a miles de personas, mostrar nuestras riquezas y abrir oportunidades económicas para los municipios. Una experiencia que merece ser analizada por quienes tienen la responsabilidad de orientar el desarrollo de nuestros territorios.
El gran protagonista fue Harold Tejada, un hijo de Pitalito que ha llevado el nombre del Huila a las principales competencias internacionales. Su iniciativa permitió reunir a figuras como Nairo Quintana, Egan Bernal y Rigoberto Urán, entre otros reconocidos ciclistas. Tener a estos referentes recorriendo nuestras carreteras representa mucho más que un espectáculo deportivo: es una oportunidad para mostrarle a Colombia las bondades de nuestra tierra.
Pero hay algo que muchas veces pasa inadvertido: el impacto económico del turismo deportivo. Cada ciclista que llega acompañado de familiares o amigos necesita hospedaje, alimentación, transporte y otros servicios. Los restaurantes venden, los hoteles reciben visitantes, los comerciantes encuentran nuevos clientes y los emprendedores tienen la oportunidad de mostrar sus productos.
Para esta edición se reportaron cerca de mil participantes y una proyección de más de 5.000 visitantes al sur del departamento. Aunque todavía se requiere un balance económico definitivo, estas cifras permiten comprender la dimensión de una actividad que beneficia a sectores distintos al deportivo.
El recorrido también permitió mostrar lugares como San Agustín, Isnos y el Estrecho del Magdalena. Allí está otra de nuestras grandes fortalezas: combinar deporte, naturaleza, cultura, gastronomía y patrimonio. El Huila tiene condiciones para desarrollar eventos que atraigan visitantes durante todo el año y no solamente en las temporadas tradicionales.
Es importante reconocer el esfuerzo de Harold Tejada y su equipo organizador, así como el respaldo de la Gobernación del Huila, a través de Inderhuila, la Alcaldía de Pitalito y los demás aliados. Esta articulación demuestra la importancia de sumar esfuerzos institucionales, privados y comunitarios para sacar adelante iniciativas de alcance nacional.
Sin embargo, el verdadero desafío comienza después del evento. Los alcaldes y las administraciones territoriales deberían incorporar el turismo deportivo dentro de sus planes de desarrollo, identificar sus fortalezas y promover encuentros de ciclismo, atletismo, senderismo y otras disciplinas. No todos los municipios necesitan grandes escenarios; muchos cuentan con paisajes, vías rurales y espacios naturales que pueden convertirse en atractivos deportivos.
También debemos aprender a medir estos resultados: cuántos visitantes llegaron, cuánto gastaron, cuántos empleos temporales se generaron y qué beneficios quedaron para el comercio local. Sin información económica resulta difícil dimensionar el verdadero aporte de estas actividades.
El deporte no debe verse únicamente como un gasto del presupuesto público, sino como una inversión en salud, turismo, empleo, convivencia y desarrollo económico.
Harold Tejada nos recordó que el talento de nuestra gente puede abrir caminos para todo un territorio. Ahora corresponde aprovechar esa enseñanza y convertir estas experiencias en oportunidades permanentes para el Huila.
