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Más que una “escuela de sicarios”

Por: Faiver Eduardo Hoyos Pérez

Opinión

Algunas veces, hay palabras que se lanzan y terminan rompiendo la dignidad de todo un pueblo. Eso fue exactamente lo que hizo el alcalde de Florencia, Marlon Monsalve, cuando se le ocurrió decir que el Huila es “una escuela de sicarios”. Y aunque después intentó matizar con excusas tibias y mesas de diálogo, el daño ya estaba hecho. Una salida en falso delicada, porque las palabras de un mandatario no son las de un comentarista de esquina; dado que llevan el peso institucional de quien representa un territorio.

De entrada, rechazo de manera tajante esas desafortunadas declaraciones porque los hechos, esos que no se pueden amañar con discursos oportunistas de un alcalde fafarachero, cuentan una historia distinta del departamento que me vio nacer.

Si tiene la oportunidad de leer esta columna, permítame ilustrarlo, señor alcalde.

El Huila es cultura. De esta tierra nació Jorge Villamil Cordovez, el médico que cambió el bisturí por la guitarra y le regaló a Colombia más de doscientas canciones como “Espumas”, “Los Guaduales”, “Oropel”. Aquí compuso Anselmo Durán Plazas “El Sanjuanero”, la melodía que hace bailar a todo un país. Y aquí José Miller Trujillo escribió “Retumban las tamboras”, el latido de nuestras fiestas sampedrinas. ¿Eso le suena a escuela de sicarios?

Además, el Huila es literatura. Recuerde que José Eustasio Rivera escribió “La Vorágine”, una de las novelas más importantes de Latinoamérica, que denunció con pluma valiente la explotación en las caucherías amazónicas. Junto a él, Benhur Sánchez Suárez, desde Pitalito, e Isaías Peña Gutiérrez, desde Saladoblanco, llevaron las letras huilenses a las universidades del país. Aquí no se forman criminales señor Monsalve, aquí se forman lectores y pensadores.

A su vez, el Huila es exportación. Nuestro departamento es el primer productor de café de Colombia desde hace quince años consecutivos, con 2,5 millones de sacos anuales que representan el 19,65% de la cosecha nacional. Nuestro grano llega a Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Alemania y Japón. Además, la tilapia huilense exportó 7,3 millones de dólares recientemente y el cacao creció un 31,4% en ventas internacionales, lo que demuestra que aquí se cultiva futuro, no violencia.

De igual modo, el Huila es turismo. En la pasada Semana Santa de 2026 recibimos más de veintitrés mil visitantes, atraídos por el Parque Arqueológico de San Agustín, Patrimonio de la Humanidad desde 1995, y el imponente Desierto de la Tatacoa, ese escenario que parece sacado de otro planeta y que atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros a las tierras opitas.

Bien lo dijo un paisano, con la sal propia del opita: “Si en el Huila hay escuelas de sicarios, en el Caquetá hay universidades”. Y aunque debo reconocer que la frase tiene el sabor picante de la contrapuntería regional, yo prefiero responder con altura, porque el verdadero problema no es de dónde vienen los delincuentes, sino qué estamos haciendo como sociedad para enfrentar la criminalidad sin estigmatizar territorios enteros.

Señor alcalde Monsalve, la seguridad no se construye señalando al vecino; se construye con liderazgo, con cifras y con acciones. Por fortuna, el Huila no necesita que lo defiendan, ya que sus poetas, sus caficultores, sus artistas y su tierra milenaria hablan por él. Nosotros no graduamos sicarios; graduamos personas que le ponen aroma al mundo, belleza a las letras y memoria a la historia. ¡Que le quede claro!

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