Por: Fredy Ernesto Tovar Montenegro
“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo” Abraham Lincoln.
La Patria Milagro de la que habla ADLE, como la gran mayoría de su historia personal, es una farsa, una mentira soportada en la doble moral. El relato que construye su gobierno, es antagónicamente opuesto a lo que realmente sucede.
Cuando hablan de austeridad, son el derroche y el despilfarro quienes campean; cuando hablan de meritocracia, son las palancas, el amiguismo y hasta la familia los parámetros para elegir nombramientos; cuando hablan de control y seguridad, es la agudización del conflicto, el abuso de la fuerza pública y la represión quienes se vuelven cotidianas; cuando hablan de justicia, es la manipulación de la misma para aniquilar la JEP y a cambio beneficiar a los de su interés absolviendo a los corruptos de su rosca. En fin, la extrema incoherencia y el show mediático maquillan el endurecimiento de este gobierno fascista.
Los hechos acaecidos en la semana que hoy termina, constatan lo afirmado. El paro armado en la ciudad de Santa Marta, fue televisado como un evento bajo el control de la fuerza pública, pero en las redes sociales y gracias a la tecnología y la multiplicidad de testigos que genera el internet con los dispositivos celulares, vimos videos donde el paro armado se realizó impactando de manera negativa al turismo samario, la tranquilidad y la seguridad de los ciudadanos.
Las autoridades locales y regionales se empeñaron en afirmar que todo estuvo bajo control, pero lo que se percibió en las calles de Santa Martha y en la región, mostraron otra situación.
ADLE desde la “sobria” sede del Palacio de Nariño en barranquilla, ordenó militarizar la ciudad después que las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) impusieron un paro armado de 48 horas en el Magdalena, incluso afectando parte de la Guajira, en la troncal del Caribe llegando al municipio de Palomino, como reacción a un operativo policial que asesinó a siete integrantes de ese grupo criminal, quienes en realidad son más conocidos como la banda de los Pachenca.
A pesar que las autoridades se empeñaron en decir que el paro no funcionó, lo cierto es que la presión armada de este grupo logró paralizar por encima del 90% del comercio y el turismo de la ciudad y la región, por algo más de dos días, con pérdidas superiores a los 40 mil millones de pesos diarios.
Hombres en motos recorrieron las calles de la ciudad y la región, disparando sin prevención alguna, a quienes no acataran la orden, haciendo cumplir su cometido, sin importar la “militarización”, los aviones Kfir y demás despliegues de la fuerza pública.
La narrativa esgrimida por el gobierno, en cabeza de ADLE, que ahora se quiere mostrar como una suerte de RAMBO criollo en una película más virtual que real, patrullando la ciudad con su escolta y su pistola, termina siendo un show mediático más que una política de seguridad, porque lo cierto es que el paro se llevó a cabo y los paganinis finalmente fueron los samarios y el turismo caribeño.
El fenómeno social que hoy vive Santa Marta y el Caribe es un problema estructural de años, donde el paramilitarismo y el narcotráfico se han apoderado de la región, aprovechando los niveles de inequidad social que tienen en la pobreza y la miseria a grandes sectores de la sociedad de esta zona.
El problema no se soluciona de manera militar, volando aviones y generando represión con nuevos falsos positivos y eso lo saben muy bien quienes conocen sus causas radicales. La solución se logra con programas de inversión social, con oportunidades para las mayorías y con inclusión y equidad social.
La propuesta de apagar el incendio lanzándole gasolina, una vez más nos demuestra que la violencia y la guerra no se gestionan con más violencia.
¡La estantería se está derrumbando por su propio peso… ya suenan vientos de arrepentimiento!
